Soulverse: Las Crónicas de Angel Vol. 1/Capítulo III

Soulverse

lunes, 15 de diciembre de 2008

Las Crónicas de Angel Vol. 1/Capítulo III


Uno más de la novela "Las crónicas de Angel, volumen 1, el tercer capítulo para que lo disfruten; para sorpresa de Buffy, Angel es un vampiro ¿cuáles serán las repercusiones de este descubrimiento?... Episodio "Angel", de la primera temporada de Buffy; traducción y adaptación a cargo de Laurangel.
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CAPITULO 3

-¿Angel es un vampiro? –la reacción sorprendida de Willow se reflejó en la propia Buffy.

La luz del día no había disminuido el shock cuando Buffy revelaba el terrible secreto de Angel a su Scooby-gang en la escuela, la mañana siguiente.

Buffy se sintió mal. –No puedo creer que esto esté ocurriendo. Nos estábamos besando y de pronto… - Se giró a Giles, casi rogando cuando le preguntó: - ¿Puede un vampiro ser una buena persona? ¿Es eso posible?-.

Aunque Giles fuera el hombre con más tacto del mundo, él nunca la había mentido. No al menos de lo que ella conocía. Esta podría ser la única vez y podría ser totalmente genial, pensó cuando él comenzó a pronunciar las palabras que tanto miedo temía oír.

-Un vampiro ni siquiera es una persona. Puede que tenga movimiento, recuerdos e incluso la personalidad de la persona de la que se ha apoderado. Pero en el fondo sigue siendo un demonio. No hay término medio-.

Willow miró a Buffy. –De modo que eso es un no, ¿eh?

Buffy no podía creerlo.-Entonces, ¿qué estaba haciendo? ¿Por qué era tan bueno conmigo? ¿Era todo un plan del maestro? No tiene sentido-. Además es demasiado horrible para ser verdad.

Bastante cansada, con el alma herida, Buffy se sentó con Willow en uno de los bancos enfrente de la escuela. Xander, que había estado callado hasta ahora, se sentó junto a ella, agarrando su patinete.

-Está bien. Tienes un problema y no es pequeño –él comenzó. -Respiremos hondo y pensemos con calma y objetividad-.

Buffy asintió. Él parecía explicarse. Ella esperó, con esperanza, a la solución de su problema.

Y Xander le siguió explicando: -Angel es un vampiro, tú eres una cazavampiros. Creo que está claro lo que debes hacer-.

No, ella pensó desesperada. Miró a Giles.

Giles suspiró. –Es el deber de una cazavampiros-.

Xander continuó. –Ya sé que te cae bien ese tipo pero, ¿no estarás enamorada de él?-.

Buffy no dijo nada, pero Xander debió leer la respuesta en su cara. Él perdió los estribos. -¿Estás enamorada de un vampiro?- dijo voceando. -¿Has perdido el juicio?-.

-¿Qué?-.


De pie frente a él, Cordelia Chase reaccionaba sorprendida.

Xander miró aterrorizado. –Vampiro no-. El dijo firmemente a Buffy. -¿Cómo puedes enamorarte de un pirómano? ¡Todos los odian!-.

Los orificios nasales de Cordelia se hincharon como los de un toro a punto de arremeter. Delicadamente, sin embargo. -¿De donde has sacado ese vestido?-ella preguntó.

Buffy y los otros miraron como la animadora se acercaba a otra chica con el mismo vestido que el de Cordelia, negro con un diseño de colorido pop-art. Cordelia la sujetó, -Esto es un Todd Oldham. ¿Sabes cuanto cuesta este vestido?-.

La chica intentó zafarse, pero Cordelia no iba a dejarla. Ella agarró la parte trasera del vestido de la chica e intentó leer la etiqueta, menospreciándola, -¿Es una imitación, verdad?-.

La chica renovó sus esfuerzos por escapar. La reina de la moda la perseguía. –¿Es una maldita imitación? Esto es lo que ocurre cuando firmas contratos de libre comercio-.

Las dos desaparecieron entre la multitud. Llanamente, Buffy bromeó, -Y nosotros creemos tener problemas-.

Angel caminó hasta el pasillo que daba a su apartamento. La puerta estaba abierta, entró. La suave y ligera clandestinidad en las sombras de la habitación; cuando encendió otra luz, se quedó helado, sintiendo una presencia.

-¿Quién está ahí?- preguntó sin miedo pero alerta.

-Una amiga -. El se giró a mirar. Era Darla. Se puso tenso cuando ella salió de las sombras sonriendo, disfrutando de su inquietud.

* * *

-Hola –ella dijo. –¡Cuanto tiempo!-.

Angel replicó serenamente: -Toda una vida-.

-O dos. Pero, ¿para qué contar?-.

Él señaló sus ropas. -¿A que viene esa pinta de niña de colegio católico? La última vez que te vi llevabas kimono-.

-Y la última vez que yo te vi no estabas con colegialas-. no pudo darse cuenta de cuanto le hizo daño ese comentario. La mirada de horror en la cara de Buffy quedó enterrada en su cabeza. -¿No te gusta?- ella preguntó, haciendo una diminuta cortesía. -¿Recuerdas Budapest a final de siglo? Te portaste muy mal durante aquel terremoto-. Fue hacia él, moviéndose lentamente, casi como si estuviera preparándose a atacar.

La memoria de sus propios actos malvados le dolió, como lo hacía casi cada recuerdo que tenia de toda su vida vampírica. Él contestó: -Tú tampoco te quedaste corta-.

Su risa era baja y entrecortada. Ella estaba preciosa, por el momento: -¿Hay algo mejor que un desastre natural? El pánico, la gente perdida por las calles. Es como coger uvas de una parra-.

Ella caminaba por su apartamento, examinando sus posesiones. Estaba claro que consideraba a Angel una de sus posesiones.

Miró su cama. -¡Qué agradable!- ella observó irónicamente. –Vives sobre tierra como uno de ellos. Tú y tu nueva amiguita nos estáis atacando, como uno de ellos. ¿Sabes una cosa, guapo? Tú no eres uno de ellos…-.

Sin avisar, tiró de la persiana y ésta se abrió. Un fogonazo de luz golpeó a Angel como un arco de fuego. El dolor era profundo hasta llegar a sus huesos mientras él gritó y cayó al suelo.

-¿O sí?-.

Se puso de pie lentamente y recobró el gesto de su cara, incapaz de permitir que ella viera su agonía. –No, pero tampoco soy exactamente como tú-.

-¿Eso es lo que te dices últimamente?-. Ella fue hasta el frigorífico y abrió la puerta. Bolsas de sangre colgaban de la parte de arriba. El sabía qué pensaba cuando las miró desdeñosamente: esta sangre estaba fría, muerta y sin vida. No habría posibilidad de extasiarse o preguntarse a sí mismo de beberlo.

Este estaba siendo el precio que tenia que pagar por separarse de vampiros como Darla. De todos los vampiros que él conocía.

-No se puede decir que te alimentes exactamente de quiche -, ironizó. Caminó de nuevo hacia él. –Tú y yo sabemos de que tienes hambre de verdad. Lo que necesitas. Oye, no hay por qué avergonzarse. Somos así. Es lo que hace que la vida eterna merezca vivirse-.
Ella tocó su pecho y comenzó a acariciarlo. Él no reaccionó, pero estaba furioso. Ella le lanzó una sonrisa sugerente. –Solo puedes reprimir tu autentica naturaleza durante un tiempo. Noto como hierve tu interior. Espero estar cerca cuando explotes-.

-Quizá no te convenga estar cerca –él dijo en una voz baja y peligrosa mientras la miraba fijamente.

-No me das ningún miedo. Aunque seguro que a ella sí-. Se alejó de él y se fue hacia la puerta. -Oh, ¡quizá la estés subestimando! Habla con ella. Cuéntale lo de la maldición y si aún así no confía en ti, ya sabes donde encontrarme-.

Ella salió por la puerta.

Angel miró fijamente odiándola. Odiando las verdades que ella acababa de decirle. Odiando la mirada de terror que había visto en la encantadora cara de Buffy cuando él había revelado su verdadero yo. Algunas veces las mentiras eran mejor. Igual que la mentira que había comenzado a permitir creerse: llegaba a estar lamentado en lo más profundo de su alma por todos los terribles actos que él había cometido. Eso hizo que el lo hubiera hecho menos imperdonable.

Eso le había hecho un hombre de nuevo.

Se preguntaba si Buffy le cazaría ahora. Y si ella lo hacía, qué haría él.

Ah, investigación. Los hechos salvarían esta relación. De eso, Willow no estaba segura. Pero ella podía tener esperanzas.

En la biblioteca de la escuela, Willow y Buffy estaban sentadas en la mesa mientras que Xander permanecía de pie a un lado. Todos estaban leyendo libros de demonios y vampiros y todas las cosas de factor asqueroso que Willow sobre las que había comenzado a leer cuando Buffy vino a su vida.

-Por fin he encontrado algo-. Giles anunció, emergiendo de las estanterías y rompiendo el silencio.

Xander saltó del susto. -¿Podría hacer el favor de avisar y no asustar?-.

Giles sujetaba unos libros de apariencia muy antigua. Ignorando a Xander, el continuó: -No mencionan a Angel para nada, pero de pronto se me ha ocurrido que hace tiempo que no leo los diarios de los observadores anteriores a mí-.

Willow miró alegre a Buffy. –Debió resultarte muy embarazoso cuando descubriste que había leído tu diario pero luego resultó que no lo había leído y él también se avergonzó-. Ella se dio cuenta de que había interrumpido y dijo a Giles: -Le escucho-.

Giles se refirió a uno de los volúmenes que sujetaba y dijo: -Menciona la existencia hace doscientos años de la isla de Angelus, el de la cara angelical-.

La expresión de Buffy era irónica. –Y tanto que sí-.

Xander tosió. Todos le miraron. El puso una expresión inocente y dijo: -Yo no he dicho nada. No tengo nada que decir-.

Comprobando el libro, Giles siguió: -¿Tiene ese tal Angel un tatuaje en el omoplato derecho?-.

Buffy asintió. –Sí. Es un pájaro o algo así-.

Los ojos de Xander se abrieron. El se inclinó hacia delante y dijo: -Ahora sí voy a decir algo. ¿Le viste desnudo?-.

Willow intentó traer el tema de vuelta a territorio seguro. –O sea que hace tiempo que existe-.

Giles movió su cabeza. –No tanto para ser vampiro. Unos doscientos cuarenta años-.

Buffy sonrió un leve momento. Una risa macabra. Willow lo sentía tanto por ella. –Doscientos cuarenta. Dijo que era mayor que yo-.

Inconsciente de la angustia de Buffy, Giles se sentó y consultó otro diario. –Angelus abandona la isla, sembra el caos en Europa durante varias décadas. Entonces, hace unos ochenta años, sucede algo muy curioso-. El alcanza otro libro. –Viene a América, rehúye a los otros vampiros y vive solo. No hay constancia de que haya hecho ninguna caza-.

Willow se anima y dice: -Entonces es un buen vampiro. Quiero decir, en una escala del uno al diez y en la que el diez corresponde a alguien que mata y mutila todas las noches y el uno a alguien que no lo hace-. Ella se ruboriza con sus propias palabras y la triste expresión en la cara de Buffy.

-Lo siento- dice Giles. –He dicho que no hay constancia pero los vampiros cazan y matan, es lo único que hacen-.

-Los peces nadan y los pájaros vuelan – añadió Xander aunque no de forma cómica.

-Pudo chuparme la sangre y no lo hizo – alegó Buffy.

-Pregunta- continuó Xander. –Hace unos cien años antes de venir a nuestro país, ¿cómo era entonces?-. Willow no sabía si el filo de su voz venía a ser protector hacia Buffy o más bien celoso de Angel, pero ahí estaba.

Giles dijo sencillamente: -Como todos ellos-. Miró directamente a Buffy, asegurándose que ella oía sus palabras. –Un animal vicioso y violento-.

En la guarida del maestro, Darla se enfrentaba a su señor: -No te creas que no te estoy agradecida por dejarme matar a los Tres-.

El maestro hizo un amplio gesto. -¿Cómo pueden aprender algo mis niños si lo hago yo todo por ellos?-. Sonrió a Collin, el Ungido, que se encontraba sentado cerca.

-Deja que me ocupe de la cazavampiros- añadió Darla. A ella no le gustaría nada mejor que drenar cada gota de sangre de la pequeña humana de Angel.

El maestro alzó su frente y dijo en su melodiosa voz: -Oh, ahora me das tú las órdenes-.

Ella caminó lejos, hablando por encima de su hombro. –Pues muy bien, no haremos nada mientras ella nos va matando uno a uno-. Su voz era dulce, sus palabras melodiosas, casi una imitación a las del maestro.

-¿Tienes algún plan, Darla?- el maestro la preguntó. Ella sonrió y se giró a su invitación. –Compártelo-.

Ella le dijo: -Que Angel la mate y vuelva con nosotros-.

-Angel-murmuró el maestro. Fijó su vista en la distancia, quizás viendo lo mismo que Darla hizo: Angelus, el azote de Europa, una bestia salvaje. –La criatura más viciosa que he conocido jamás. Le echo de menos-.

-Yo también-. No hacía falta decirlo.

-¿Por qué iba a matarla si él la quiere?- preguntó el maestro.

Darla sonrió. –Para que ella no le mate a él-.

El maestro volvió a sonreír y mordió su lengua de placer. Dirigiéndose al Ungido: ¿Veis como cooperamos todos por el bien común? Así es como tiene que funcionar una familia-.

Willow hacía de tutor. Buffy se perdía en sus pensamientos. Llamadlo una cita de estudio.

Llamadlo la vida bipolar de Buffy: muerte y preguntas.

Willow dijo lentamente: -¿Cuándo comenzó la Reconstrucción?-Ella esperó. -¿Buffy?-.

Buffy salió de sus pensamientos. -¿Eh? Oh. La Reconstrucción. La reconstrucción comenzó después de la construcción, que fue una chapuza y tuvieron que reconstruirlo…-.

Willow la salvó. –Después de la destrucción de la guerra de Secesión-.

Buffy intentó memorizarlo. –Eso. La guerra de Secesión-. Ella comenzó a dejarse llevar de nuevo. –Durante la cual Angel ya tenía más de cien años y pico-.

Willow la preguntó amablemente: -¿Vamos a hablar de chicos o vamos a estudiar para el examen de Historia?-Ella esperó un momento, entonces cerró su libro de historia y se inclinó hacia Buffy. Estaban solas en la biblioteca, pero ella bajó su voz igualmente. –A veces me imagino que Xander va a abrazarme y darme un beso en la boca-.

Buffy animó el tema-Si te gusta Xander, tienes que decírselo, chica-.

Willow la miró completamente aterrada. –¡No, no, no!No se lo diré. Si se lo digo, me empezarán a sudar las manos-.


Sobre ellas, entre las estanterías del segundo piso de la biblioteca, Darla escuchaba. La joven e inocente amiga de la cazavampiros bajó su voz y la dijo:-Bueno, hay una cosa que tengo que saber. Cuando Angel te beso, tu ya me entiendes, antes de convertirse…¿qué tal?-.

La cazadora estaba sonrosada y soñadora. –Increíble-. Ella rió suavemente, la manera en que Darla recordaba reían las jovencitas enamoradas.

Su amiga estaba impresionada. –Caray. Y es impresionante que se mantenga guapo y joven eternamente. Claro que tú te arrugarás y morirás. ¿Y si tenéis niños?-Ella debió darse cuenta que estaba hiriendo a la cazadora, por lo que intentó arreglarlo rápidamente diciendo: -Mejor que me calle-.

La cazadora movió su cabeza y sonrió tristemente. –No, no te preocupes. Necesito oír estas cosas. He de olvidarme de él para poder…-.

-¿Para poder qué?- la chica imitó una estaca con su tonto y rizado bolígrafo. Darla sintió una emoción de anticiparse. Llevar a cabo su plan estaba siendo más facil de lo que ella había esperado.

La cazadora no hizo caso. –Como Xander dijo, soy una cazavampiros. Y él es un vampiro. ¡Dios! No puedo. A mí nunca me ha hecho ningún daño. Tengo que dejar de pensar así-.
Decidida abrió su libro. –Sigamos media hora más y a lo mejor se me queda algo. Y luego me iré a casa a deprimirme un rato-.

-Bien. La era de la reconstrucción del congreso- la amiga de la cazadora entonó obligadamente –normalmente llamada…-.

Darla la miró fijamente. Tenía mucho que hacer en la siguiente media hora.

Joyce Summers se estaba enfrentando a montañas de papeleo en la mesa de la cocina. Se preparó una taza de café y tomó un sorbo.

Había un lento y deliberado crujido en algún lugar de la casa. Levantó la vista. Al no oír nada más, volvió de vuelta al trabajo con los libros de cuentas de la galería.

Volvió a oírse de nuevo. Era fuera. Ella permaneció de pie, un poco asustada, y fue a la puerta trasera. Se asomó a la ventana y no vio nada.

Pero cuando la madre de la cazavampiros se giró, no pudo ver a Darla, sus marcadas características en su rostro vampírico, sonriendo con anticipación por lo que estaba a punto de ocurrir. Entonces Darla se movió silenciosamente desde la ventana.

Joyce continuó moviéndose a través de la casa, creciendo en las esquinas los crujidos. Por el amor de Dios. Es solo la casa, se dijo a sí misma justo cuando alguien llamó a la puerta.

Era una encantadora chica rubia con una sonrisa muy dulce. Ella llevaba libros y vestía de forma muy conservadora. Cuando Joyce abrió la puerta, pensó fugazmente que ojalá Buffy vistiera así.

-¿Hola? –preguntó Joyce educadamente.

-Hola. Soy Darla. Una amiga de Buffy –la chica dijo vacilante.

-Oh- se relajó Buffy. –Encantada de conocerte-.

Hubo una pausa.

-¿No le dijo a usted nada de que iba a venir a estudiar con ella, verdad? – sonrió tímidamente Darla.

Joyce estaba un poco confusa y solo algo alarmada. –No –ella dijo. –Creí que estaba en la biblioteca estudiando con Willow-. De vuelta en Los Angeles, había habido tantas desapariciones sin explicar. Ella esperaba que ahora todo eso quedara atrás.

-Sí –Darla aseguró. –Willow es la experta en la Guerra de Secesión, pero yo había quedado en ayudarla con la guerra de la Independencia-.Su sonrisa fue modesta y elegante. -Mi familia procede de aquella época-.

-Bueno, debe estar a punto de llegar –Joyce dijo. -¿Quieres pasar y esperarla?-.

Darla atravesó el umbral de la casa Summers. –Es usted muy amable al invitarme a entrar en su casa –dijo ella.

Joyce sonrió, confusa. Aquella era una antigua expresión y los niños no solían usarla. Algunas veces incómoda, otras elegante, otras ambas. Le gustaba aquella chica. –No tiene importancia- dijo cuando Darla entró. Añadió animadamente: -Llevo luchando toda la noche con la declaración de hacienda. ¿Te apetece comer algo?-.

Darla la contestó: -Sí, me apetece-.

-Veamos que hay-. Joyce la guió hasta la cocina, preguntándola por encima del hombro. -¿Quieres cualquier cosita o algo consistente?-.

-Algo consistente –Darla replicó, dejando salir su verdadero yo, su yo vampírico. Pronto, ahora, muy pronto, Angel sería suyo.

Él no podía permanecer lejos. Tenía que hablar con Buffy.

Angel caminó hasta la puerta de Buffy y alzó la mano para llamar. Se paró en seco y con un suspiro caminó lejos. Eso era lo que tenía que hacer.

Caminó lejos.

Ya casi había dejado atrás la casa cuando alguien dio un grito de terror. Regresó atrás y voló a abrir la puerta.

La madre de Buffy estaba desplomada en los brazos de Darla. La sangre fluía de dos agujeros gemelos en su cuello. La boca de Darla estaba cubierta de la sangre de la mujer.

-Suéltala-.

Darla le miró y sonrió. –Solo he tomado un poco. Hay mucha más. ¿No te apetece algo calentito después de tanto tiempo?-.

Angel dudó, comenzando a respirar con dificultad al oler la tentadora y vívida sangre. Era verdad; estaba hambriento. Él siempre estaba hambriento.

Darla hablaba con una voz sexy que le invitaba a tomar a Joyce Summers como una muñeca de trapo. –Vamos, Angel-.

Él agitó su cabeza, luchando contra la transformación, luchando contra la necesidad. Era un ser humano vivo. Era la madre de Buffy.

-Di que sí –Darla respiró y arrojó a la mujer inconsciente en sus brazos. El la sostuvo con su dura y ardiente lucha interior pero sintiendo perderse a sí mismo. Estaba débil, demasiado hambriento, casi famélico.

Sintió su rostro transformarse. Cambió fácilmente, demasiado fácilmente a vampiro. Los ojos de Darla ardían de placer cuando ella dijo triunfalmente: -Bienvenido a casa-.

Ella se fue hacia la puerta, dejándole solo con Joyce Summers en sus manos. Angel miró fijamente la sangre de su cuello, sangre templada y fresca…

Cerró sus ojos, intentando controlarse. Los abrió, moviendo su cabeza, y colmillos, hacia el cuello de Joyce. El mordisco de Darla era profundo. Brillando. Cada vez más cercano…

-Hola –una voz llamó. –Ya estoy en casa-.

Buffy entró llegando del hall y se quedó helada.

Angel no pudo hablar; la sed era tan fiera en él. La sed… y la vergüenza.

Tirar a Angel atravesando la gran ventana del frontal de la casa Summers no era la forma más cuidada de deshacerse de él, pero a Buffy no le preocupó. El cuidado no siempre funcionaba. Angel aterrizó sobre el césped. Pero por supuesto él no estaba herido; el se puso de pie y se enfrentó a ella.

Ella nunca había odiado a nadie tanto como le odiaba a él en ese momento. Le dijo tranquila y amenazadoramente: -Aquí no te queremos. Si vuelves a acercarte a nosotras, te mataré-.

El no dijo nada, solo la miró con sus oscuros y brutales ojos y su cara oculta. Ella le dio la espalda y corrió hacia la cocina, cogiendo el teléfono y marcando el 911.

-Mamá, mamá, ¿me oyes? –preguntó con frenesí y, entonces, en el auricular. –Sí, envíen una ambulancia al 1630 de Revello Drive. Mi madre…se ha cortado. Ha perdido muchísima sangre. Deprisa, por favor-. Colgó. -¿Mamá?-.

La puerta de atrás se abrió. Ella se giró, casi esperando otro ataque de Angel. Xander y Willow entraron.

-Ey, Buffy –Xander dijo, entonces vio a su madre en el suelo. -¡Oh, Dios mío!-.

Willow dice con voz entrecortada: -¿Qué ha pasado?-.

-Angel –responde Buffy y su mundo se hace añicos.

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