Soulverse

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domingo, 15 de febrero de 2009

Las Crónicas de Angel Vol. 1/ Completa

"Tres historias de deseo, venganza, tentación y amor", así se nos presenta la novela que adapta episodios en los que el personaje de Angel, es relevante. Dentro de la obra, conocemos los pensamientos y las reflexiones del vampiro con alma que se enamora de la Cazadora, el primer volumen se basa en los episodios “Ángel”,“El chico serpiente” y “Miénteme”.

La traducción y adaptación están a cargo de la amiga Laurangel, todos los agradecimientos para ella. La novela está en formato PDF, pero si prefieren algún otro, nada más lo dicen.
¡Que lo disfruten!
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lunes, 15 de diciembre de 2008

Las Crónicas de Angel Vol. 1/Capítulo III


Uno más de la novela "Las crónicas de Angel, volumen 1, el tercer capítulo para que lo disfruten; para sorpresa de Buffy, Angel es un vampiro ¿cuáles serán las repercusiones de este descubrimiento?... Episodio "Angel", de la primera temporada de Buffy; traducción y adaptación a cargo de Laurangel.
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Para leer el capítulo, haz click en "leer más".



CAPITULO 3

-¿Angel es un vampiro? –la reacción sorprendida de Willow se reflejó en la propia Buffy.

La luz del día no había disminuido el shock cuando Buffy revelaba el terrible secreto de Angel a su Scooby-gang en la escuela, la mañana siguiente.

Buffy se sintió mal. –No puedo creer que esto esté ocurriendo. Nos estábamos besando y de pronto… - Se giró a Giles, casi rogando cuando le preguntó: - ¿Puede un vampiro ser una buena persona? ¿Es eso posible?-.

Aunque Giles fuera el hombre con más tacto del mundo, él nunca la había mentido. No al menos de lo que ella conocía. Esta podría ser la única vez y podría ser totalmente genial, pensó cuando él comenzó a pronunciar las palabras que tanto miedo temía oír.

-Un vampiro ni siquiera es una persona. Puede que tenga movimiento, recuerdos e incluso la personalidad de la persona de la que se ha apoderado. Pero en el fondo sigue siendo un demonio. No hay término medio-.

Willow miró a Buffy. –De modo que eso es un no, ¿eh?

Buffy no podía creerlo.-Entonces, ¿qué estaba haciendo? ¿Por qué era tan bueno conmigo? ¿Era todo un plan del maestro? No tiene sentido-. Además es demasiado horrible para ser verdad.

Bastante cansada, con el alma herida, Buffy se sentó con Willow en uno de los bancos enfrente de la escuela. Xander, que había estado callado hasta ahora, se sentó junto a ella, agarrando su patinete.

-Está bien. Tienes un problema y no es pequeño –él comenzó. -Respiremos hondo y pensemos con calma y objetividad-.

Buffy asintió. Él parecía explicarse. Ella esperó, con esperanza, a la solución de su problema.

Y Xander le siguió explicando: -Angel es un vampiro, tú eres una cazavampiros. Creo que está claro lo que debes hacer-.

No, ella pensó desesperada. Miró a Giles.

Giles suspiró. –Es el deber de una cazavampiros-.

Xander continuó. –Ya sé que te cae bien ese tipo pero, ¿no estarás enamorada de él?-.

Buffy no dijo nada, pero Xander debió leer la respuesta en su cara. Él perdió los estribos. -¿Estás enamorada de un vampiro?- dijo voceando. -¿Has perdido el juicio?-.

-¿Qué?-.


De pie frente a él, Cordelia Chase reaccionaba sorprendida.

Xander miró aterrorizado. –Vampiro no-. El dijo firmemente a Buffy. -¿Cómo puedes enamorarte de un pirómano? ¡Todos los odian!-.

Los orificios nasales de Cordelia se hincharon como los de un toro a punto de arremeter. Delicadamente, sin embargo. -¿De donde has sacado ese vestido?-ella preguntó.

Buffy y los otros miraron como la animadora se acercaba a otra chica con el mismo vestido que el de Cordelia, negro con un diseño de colorido pop-art. Cordelia la sujetó, -Esto es un Todd Oldham. ¿Sabes cuanto cuesta este vestido?-.

La chica intentó zafarse, pero Cordelia no iba a dejarla. Ella agarró la parte trasera del vestido de la chica e intentó leer la etiqueta, menospreciándola, -¿Es una imitación, verdad?-.

La chica renovó sus esfuerzos por escapar. La reina de la moda la perseguía. –¿Es una maldita imitación? Esto es lo que ocurre cuando firmas contratos de libre comercio-.

Las dos desaparecieron entre la multitud. Llanamente, Buffy bromeó, -Y nosotros creemos tener problemas-.

Angel caminó hasta el pasillo que daba a su apartamento. La puerta estaba abierta, entró. La suave y ligera clandestinidad en las sombras de la habitación; cuando encendió otra luz, se quedó helado, sintiendo una presencia.

-¿Quién está ahí?- preguntó sin miedo pero alerta.

-Una amiga -. El se giró a mirar. Era Darla. Se puso tenso cuando ella salió de las sombras sonriendo, disfrutando de su inquietud.

* * *

-Hola –ella dijo. –¡Cuanto tiempo!-.

Angel replicó serenamente: -Toda una vida-.

-O dos. Pero, ¿para qué contar?-.

Él señaló sus ropas. -¿A que viene esa pinta de niña de colegio católico? La última vez que te vi llevabas kimono-.

-Y la última vez que yo te vi no estabas con colegialas-. no pudo darse cuenta de cuanto le hizo daño ese comentario. La mirada de horror en la cara de Buffy quedó enterrada en su cabeza. -¿No te gusta?- ella preguntó, haciendo una diminuta cortesía. -¿Recuerdas Budapest a final de siglo? Te portaste muy mal durante aquel terremoto-. Fue hacia él, moviéndose lentamente, casi como si estuviera preparándose a atacar.

La memoria de sus propios actos malvados le dolió, como lo hacía casi cada recuerdo que tenia de toda su vida vampírica. Él contestó: -Tú tampoco te quedaste corta-.

Su risa era baja y entrecortada. Ella estaba preciosa, por el momento: -¿Hay algo mejor que un desastre natural? El pánico, la gente perdida por las calles. Es como coger uvas de una parra-.

Ella caminaba por su apartamento, examinando sus posesiones. Estaba claro que consideraba a Angel una de sus posesiones.

Miró su cama. -¡Qué agradable!- ella observó irónicamente. –Vives sobre tierra como uno de ellos. Tú y tu nueva amiguita nos estáis atacando, como uno de ellos. ¿Sabes una cosa, guapo? Tú no eres uno de ellos…-.

Sin avisar, tiró de la persiana y ésta se abrió. Un fogonazo de luz golpeó a Angel como un arco de fuego. El dolor era profundo hasta llegar a sus huesos mientras él gritó y cayó al suelo.

-¿O sí?-.

Se puso de pie lentamente y recobró el gesto de su cara, incapaz de permitir que ella viera su agonía. –No, pero tampoco soy exactamente como tú-.

-¿Eso es lo que te dices últimamente?-. Ella fue hasta el frigorífico y abrió la puerta. Bolsas de sangre colgaban de la parte de arriba. El sabía qué pensaba cuando las miró desdeñosamente: esta sangre estaba fría, muerta y sin vida. No habría posibilidad de extasiarse o preguntarse a sí mismo de beberlo.

Este estaba siendo el precio que tenia que pagar por separarse de vampiros como Darla. De todos los vampiros que él conocía.

-No se puede decir que te alimentes exactamente de quiche -, ironizó. Caminó de nuevo hacia él. –Tú y yo sabemos de que tienes hambre de verdad. Lo que necesitas. Oye, no hay por qué avergonzarse. Somos así. Es lo que hace que la vida eterna merezca vivirse-.
Ella tocó su pecho y comenzó a acariciarlo. Él no reaccionó, pero estaba furioso. Ella le lanzó una sonrisa sugerente. –Solo puedes reprimir tu autentica naturaleza durante un tiempo. Noto como hierve tu interior. Espero estar cerca cuando explotes-.

-Quizá no te convenga estar cerca –él dijo en una voz baja y peligrosa mientras la miraba fijamente.

-No me das ningún miedo. Aunque seguro que a ella sí-. Se alejó de él y se fue hacia la puerta. -Oh, ¡quizá la estés subestimando! Habla con ella. Cuéntale lo de la maldición y si aún así no confía en ti, ya sabes donde encontrarme-.

Ella salió por la puerta.

Angel miró fijamente odiándola. Odiando las verdades que ella acababa de decirle. Odiando la mirada de terror que había visto en la encantadora cara de Buffy cuando él había revelado su verdadero yo. Algunas veces las mentiras eran mejor. Igual que la mentira que había comenzado a permitir creerse: llegaba a estar lamentado en lo más profundo de su alma por todos los terribles actos que él había cometido. Eso hizo que el lo hubiera hecho menos imperdonable.

Eso le había hecho un hombre de nuevo.

Se preguntaba si Buffy le cazaría ahora. Y si ella lo hacía, qué haría él.

Ah, investigación. Los hechos salvarían esta relación. De eso, Willow no estaba segura. Pero ella podía tener esperanzas.

En la biblioteca de la escuela, Willow y Buffy estaban sentadas en la mesa mientras que Xander permanecía de pie a un lado. Todos estaban leyendo libros de demonios y vampiros y todas las cosas de factor asqueroso que Willow sobre las que había comenzado a leer cuando Buffy vino a su vida.

-Por fin he encontrado algo-. Giles anunció, emergiendo de las estanterías y rompiendo el silencio.

Xander saltó del susto. -¿Podría hacer el favor de avisar y no asustar?-.

Giles sujetaba unos libros de apariencia muy antigua. Ignorando a Xander, el continuó: -No mencionan a Angel para nada, pero de pronto se me ha ocurrido que hace tiempo que no leo los diarios de los observadores anteriores a mí-.

Willow miró alegre a Buffy. –Debió resultarte muy embarazoso cuando descubriste que había leído tu diario pero luego resultó que no lo había leído y él también se avergonzó-. Ella se dio cuenta de que había interrumpido y dijo a Giles: -Le escucho-.

Giles se refirió a uno de los volúmenes que sujetaba y dijo: -Menciona la existencia hace doscientos años de la isla de Angelus, el de la cara angelical-.

La expresión de Buffy era irónica. –Y tanto que sí-.

Xander tosió. Todos le miraron. El puso una expresión inocente y dijo: -Yo no he dicho nada. No tengo nada que decir-.

Comprobando el libro, Giles siguió: -¿Tiene ese tal Angel un tatuaje en el omoplato derecho?-.

Buffy asintió. –Sí. Es un pájaro o algo así-.

Los ojos de Xander se abrieron. El se inclinó hacia delante y dijo: -Ahora sí voy a decir algo. ¿Le viste desnudo?-.

Willow intentó traer el tema de vuelta a territorio seguro. –O sea que hace tiempo que existe-.

Giles movió su cabeza. –No tanto para ser vampiro. Unos doscientos cuarenta años-.

Buffy sonrió un leve momento. Una risa macabra. Willow lo sentía tanto por ella. –Doscientos cuarenta. Dijo que era mayor que yo-.

Inconsciente de la angustia de Buffy, Giles se sentó y consultó otro diario. –Angelus abandona la isla, sembra el caos en Europa durante varias décadas. Entonces, hace unos ochenta años, sucede algo muy curioso-. El alcanza otro libro. –Viene a América, rehúye a los otros vampiros y vive solo. No hay constancia de que haya hecho ninguna caza-.

Willow se anima y dice: -Entonces es un buen vampiro. Quiero decir, en una escala del uno al diez y en la que el diez corresponde a alguien que mata y mutila todas las noches y el uno a alguien que no lo hace-. Ella se ruboriza con sus propias palabras y la triste expresión en la cara de Buffy.

-Lo siento- dice Giles. –He dicho que no hay constancia pero los vampiros cazan y matan, es lo único que hacen-.

-Los peces nadan y los pájaros vuelan – añadió Xander aunque no de forma cómica.

-Pudo chuparme la sangre y no lo hizo – alegó Buffy.

-Pregunta- continuó Xander. –Hace unos cien años antes de venir a nuestro país, ¿cómo era entonces?-. Willow no sabía si el filo de su voz venía a ser protector hacia Buffy o más bien celoso de Angel, pero ahí estaba.

Giles dijo sencillamente: -Como todos ellos-. Miró directamente a Buffy, asegurándose que ella oía sus palabras. –Un animal vicioso y violento-.

En la guarida del maestro, Darla se enfrentaba a su señor: -No te creas que no te estoy agradecida por dejarme matar a los Tres-.

El maestro hizo un amplio gesto. -¿Cómo pueden aprender algo mis niños si lo hago yo todo por ellos?-. Sonrió a Collin, el Ungido, que se encontraba sentado cerca.

-Deja que me ocupe de la cazavampiros- añadió Darla. A ella no le gustaría nada mejor que drenar cada gota de sangre de la pequeña humana de Angel.

El maestro alzó su frente y dijo en su melodiosa voz: -Oh, ahora me das tú las órdenes-.

Ella caminó lejos, hablando por encima de su hombro. –Pues muy bien, no haremos nada mientras ella nos va matando uno a uno-. Su voz era dulce, sus palabras melodiosas, casi una imitación a las del maestro.

-¿Tienes algún plan, Darla?- el maestro la preguntó. Ella sonrió y se giró a su invitación. –Compártelo-.

Ella le dijo: -Que Angel la mate y vuelva con nosotros-.

-Angel-murmuró el maestro. Fijó su vista en la distancia, quizás viendo lo mismo que Darla hizo: Angelus, el azote de Europa, una bestia salvaje. –La criatura más viciosa que he conocido jamás. Le echo de menos-.

-Yo también-. No hacía falta decirlo.

-¿Por qué iba a matarla si él la quiere?- preguntó el maestro.

Darla sonrió. –Para que ella no le mate a él-.

El maestro volvió a sonreír y mordió su lengua de placer. Dirigiéndose al Ungido: ¿Veis como cooperamos todos por el bien común? Así es como tiene que funcionar una familia-.

Willow hacía de tutor. Buffy se perdía en sus pensamientos. Llamadlo una cita de estudio.

Llamadlo la vida bipolar de Buffy: muerte y preguntas.

Willow dijo lentamente: -¿Cuándo comenzó la Reconstrucción?-Ella esperó. -¿Buffy?-.

Buffy salió de sus pensamientos. -¿Eh? Oh. La Reconstrucción. La reconstrucción comenzó después de la construcción, que fue una chapuza y tuvieron que reconstruirlo…-.

Willow la salvó. –Después de la destrucción de la guerra de Secesión-.

Buffy intentó memorizarlo. –Eso. La guerra de Secesión-. Ella comenzó a dejarse llevar de nuevo. –Durante la cual Angel ya tenía más de cien años y pico-.

Willow la preguntó amablemente: -¿Vamos a hablar de chicos o vamos a estudiar para el examen de Historia?-Ella esperó un momento, entonces cerró su libro de historia y se inclinó hacia Buffy. Estaban solas en la biblioteca, pero ella bajó su voz igualmente. –A veces me imagino que Xander va a abrazarme y darme un beso en la boca-.

Buffy animó el tema-Si te gusta Xander, tienes que decírselo, chica-.

Willow la miró completamente aterrada. –¡No, no, no!No se lo diré. Si se lo digo, me empezarán a sudar las manos-.


Sobre ellas, entre las estanterías del segundo piso de la biblioteca, Darla escuchaba. La joven e inocente amiga de la cazavampiros bajó su voz y la dijo:-Bueno, hay una cosa que tengo que saber. Cuando Angel te beso, tu ya me entiendes, antes de convertirse…¿qué tal?-.

La cazadora estaba sonrosada y soñadora. –Increíble-. Ella rió suavemente, la manera en que Darla recordaba reían las jovencitas enamoradas.

Su amiga estaba impresionada. –Caray. Y es impresionante que se mantenga guapo y joven eternamente. Claro que tú te arrugarás y morirás. ¿Y si tenéis niños?-Ella debió darse cuenta que estaba hiriendo a la cazadora, por lo que intentó arreglarlo rápidamente diciendo: -Mejor que me calle-.

La cazadora movió su cabeza y sonrió tristemente. –No, no te preocupes. Necesito oír estas cosas. He de olvidarme de él para poder…-.

-¿Para poder qué?- la chica imitó una estaca con su tonto y rizado bolígrafo. Darla sintió una emoción de anticiparse. Llevar a cabo su plan estaba siendo más facil de lo que ella había esperado.

La cazadora no hizo caso. –Como Xander dijo, soy una cazavampiros. Y él es un vampiro. ¡Dios! No puedo. A mí nunca me ha hecho ningún daño. Tengo que dejar de pensar así-.
Decidida abrió su libro. –Sigamos media hora más y a lo mejor se me queda algo. Y luego me iré a casa a deprimirme un rato-.

-Bien. La era de la reconstrucción del congreso- la amiga de la cazadora entonó obligadamente –normalmente llamada…-.

Darla la miró fijamente. Tenía mucho que hacer en la siguiente media hora.

Joyce Summers se estaba enfrentando a montañas de papeleo en la mesa de la cocina. Se preparó una taza de café y tomó un sorbo.

Había un lento y deliberado crujido en algún lugar de la casa. Levantó la vista. Al no oír nada más, volvió de vuelta al trabajo con los libros de cuentas de la galería.

Volvió a oírse de nuevo. Era fuera. Ella permaneció de pie, un poco asustada, y fue a la puerta trasera. Se asomó a la ventana y no vio nada.

Pero cuando la madre de la cazavampiros se giró, no pudo ver a Darla, sus marcadas características en su rostro vampírico, sonriendo con anticipación por lo que estaba a punto de ocurrir. Entonces Darla se movió silenciosamente desde la ventana.

Joyce continuó moviéndose a través de la casa, creciendo en las esquinas los crujidos. Por el amor de Dios. Es solo la casa, se dijo a sí misma justo cuando alguien llamó a la puerta.

Era una encantadora chica rubia con una sonrisa muy dulce. Ella llevaba libros y vestía de forma muy conservadora. Cuando Joyce abrió la puerta, pensó fugazmente que ojalá Buffy vistiera así.

-¿Hola? –preguntó Joyce educadamente.

-Hola. Soy Darla. Una amiga de Buffy –la chica dijo vacilante.

-Oh- se relajó Buffy. –Encantada de conocerte-.

Hubo una pausa.

-¿No le dijo a usted nada de que iba a venir a estudiar con ella, verdad? – sonrió tímidamente Darla.

Joyce estaba un poco confusa y solo algo alarmada. –No –ella dijo. –Creí que estaba en la biblioteca estudiando con Willow-. De vuelta en Los Angeles, había habido tantas desapariciones sin explicar. Ella esperaba que ahora todo eso quedara atrás.

-Sí –Darla aseguró. –Willow es la experta en la Guerra de Secesión, pero yo había quedado en ayudarla con la guerra de la Independencia-.Su sonrisa fue modesta y elegante. -Mi familia procede de aquella época-.

-Bueno, debe estar a punto de llegar –Joyce dijo. -¿Quieres pasar y esperarla?-.

Darla atravesó el umbral de la casa Summers. –Es usted muy amable al invitarme a entrar en su casa –dijo ella.

Joyce sonrió, confusa. Aquella era una antigua expresión y los niños no solían usarla. Algunas veces incómoda, otras elegante, otras ambas. Le gustaba aquella chica. –No tiene importancia- dijo cuando Darla entró. Añadió animadamente: -Llevo luchando toda la noche con la declaración de hacienda. ¿Te apetece comer algo?-.

Darla la contestó: -Sí, me apetece-.

-Veamos que hay-. Joyce la guió hasta la cocina, preguntándola por encima del hombro. -¿Quieres cualquier cosita o algo consistente?-.

-Algo consistente –Darla replicó, dejando salir su verdadero yo, su yo vampírico. Pronto, ahora, muy pronto, Angel sería suyo.

Él no podía permanecer lejos. Tenía que hablar con Buffy.

Angel caminó hasta la puerta de Buffy y alzó la mano para llamar. Se paró en seco y con un suspiro caminó lejos. Eso era lo que tenía que hacer.

Caminó lejos.

Ya casi había dejado atrás la casa cuando alguien dio un grito de terror. Regresó atrás y voló a abrir la puerta.

La madre de Buffy estaba desplomada en los brazos de Darla. La sangre fluía de dos agujeros gemelos en su cuello. La boca de Darla estaba cubierta de la sangre de la mujer.

-Suéltala-.

Darla le miró y sonrió. –Solo he tomado un poco. Hay mucha más. ¿No te apetece algo calentito después de tanto tiempo?-.

Angel dudó, comenzando a respirar con dificultad al oler la tentadora y vívida sangre. Era verdad; estaba hambriento. Él siempre estaba hambriento.

Darla hablaba con una voz sexy que le invitaba a tomar a Joyce Summers como una muñeca de trapo. –Vamos, Angel-.

Él agitó su cabeza, luchando contra la transformación, luchando contra la necesidad. Era un ser humano vivo. Era la madre de Buffy.

-Di que sí –Darla respiró y arrojó a la mujer inconsciente en sus brazos. El la sostuvo con su dura y ardiente lucha interior pero sintiendo perderse a sí mismo. Estaba débil, demasiado hambriento, casi famélico.

Sintió su rostro transformarse. Cambió fácilmente, demasiado fácilmente a vampiro. Los ojos de Darla ardían de placer cuando ella dijo triunfalmente: -Bienvenido a casa-.

Ella se fue hacia la puerta, dejándole solo con Joyce Summers en sus manos. Angel miró fijamente la sangre de su cuello, sangre templada y fresca…

Cerró sus ojos, intentando controlarse. Los abrió, moviendo su cabeza, y colmillos, hacia el cuello de Joyce. El mordisco de Darla era profundo. Brillando. Cada vez más cercano…

-Hola –una voz llamó. –Ya estoy en casa-.

Buffy entró llegando del hall y se quedó helada.

Angel no pudo hablar; la sed era tan fiera en él. La sed… y la vergüenza.

Tirar a Angel atravesando la gran ventana del frontal de la casa Summers no era la forma más cuidada de deshacerse de él, pero a Buffy no le preocupó. El cuidado no siempre funcionaba. Angel aterrizó sobre el césped. Pero por supuesto él no estaba herido; el se puso de pie y se enfrentó a ella.

Ella nunca había odiado a nadie tanto como le odiaba a él en ese momento. Le dijo tranquila y amenazadoramente: -Aquí no te queremos. Si vuelves a acercarte a nosotras, te mataré-.

El no dijo nada, solo la miró con sus oscuros y brutales ojos y su cara oculta. Ella le dio la espalda y corrió hacia la cocina, cogiendo el teléfono y marcando el 911.

-Mamá, mamá, ¿me oyes? –preguntó con frenesí y, entonces, en el auricular. –Sí, envíen una ambulancia al 1630 de Revello Drive. Mi madre…se ha cortado. Ha perdido muchísima sangre. Deprisa, por favor-. Colgó. -¿Mamá?-.

La puerta de atrás se abrió. Ella se giró, casi esperando otro ataque de Angel. Xander y Willow entraron.

-Ey, Buffy –Xander dijo, entonces vio a su madre en el suelo. -¡Oh, Dios mío!-.

Willow dice con voz entrecortada: -¿Qué ha pasado?-.

-Angel –responde Buffy y su mundo se hace añicos.

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viernes, 5 de diciembre de 2008

Las Crónicas de Angel Vol. 1/Capítulo II


Uno más de la novela "Las crónicas de Angel, volumen 1, el segundo capítulo para que lo disfruten; Buffy conoce una nueva faceta del misterioso Angel.... Episodio "Angel", de la primera temporada de Buffy; traducción y adaptación a cargo de Laurangel.
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Capítulo 2


Al día siguiente, en la tomada como Oficinas Centrales de la Cazadora –la biblioteca del instituto de Sunnydale –Buffy contó a Xander, Willow y Giles lo que había ocurrido la noche anterior.

-¿Qué ha pasado la noche en tu cuarto, en tu cama?- Xander casi gritaba.

Buffy se sonrojó del escándalo de su amigo. -En mi cama, no. Junto a mi cama-.

-¡Qué romántico!-, Willow le dijo como si estuviera soñando. Sin que hubiera escándalo en ello. -Wow. ¿Hicisteis…bueno, tu ya me entiendes?-

Buffy dijo orgullosamente, -Un perfecto caballero.

-Buffy, esa es una forma de seducción.- Xander frunció el ceño. -Es el truco más viejo que existe.-

Buffy preguntó intencionadamente, -¿El qué? ¿Salvarme la vida y que le rajaran un costado?-

-¿Y qué? Los chicos hacemos cualquier cosa por impresionar a una chica.- Xander hinchó su pecho. -Yo una vez me bebí cuatro litros de Gatorade sin respirar-.

Willow asintió, respaldándole. -Fue bastante impresionante-. Entonces ella hizo una pequeña mueca. -Menos cuando luego te pusiste a vomitar…-

Giles se acercó, llevando un enorme libro negro de piel. -¿Podemos dejar ese fascinante tema y hablar de lo que sucedió ayer a última hora? Saliste del Bronce y te atacaron tres vampiros inusualmente viriles.-

Giles apoyó el libro y señaló un grabado. -¿Eran como éstos?-

Eran los tres vampiros amigos de Buffy.

Buffy asintió. -Sí. ¿Por qué llevan uniforme?-

Giles parecía serio pero satisfecho. Esto ocurría cuando él tenía razón sobre algún monstruo salvaje decidido a succionar el hígado de Buffy a través de su nariz o causando el fin del mundo que conocemos y amamos. -Por lo visto te topaste con los Tres. Son vampiros guerreros, muy orgullosos y muy fuertes.-

Willow parpadeó impresionada. -¿Cómo es que usted siempre sabe esas cosas? Usted siempre sabe lo que pasa. Yo nunca sé lo que pasa.-

Giles señaló la pila de libros polvorientos mientras sorbía de su taza de café. -Tú no has estado aquí hasta las seis de la mañana investigando.- La llamada de Buffy le había alcanzado solo cuando el estaba preparado para entrar.

Avergonzadamente Willow estaba de acuerdo. -No, estaba durmiendo-

Giles se giró hacia Buffy. -Evidentemente estás haciendo mucho daño al maestro. No enviaría a los Tres por cualquiera.- Él reflexionó un momento, limpiando sus gafas. -Tenemos que empezar a practicar con armas.-

Xander añadió, -Buffy. Tú debes quedarte en mi casa hasta que esos samuráis desaparezcan.-

Buffy no estaba bastante segura de lo que acababa de oírle decir. -¿Qué?-

-No te preocupes por Angel.- continuó. - Willow puede ir a tu casa y decirle que se largue de la ciudad-

Giles movió su cabeza. -Angel y Buffy no corren ningún peligro inminente.- Se puso sus gafas de nuevo. -Más adelante, el maestro enviará a alguien más pero mientras tanto los Tres, como han fracasado, tendrán que pagarlo con sus vidas.-

Buffy asintió para sí, un poco cansada, un poco como juez. Los Tres fuera, pero ¿Cuántos batallones más vendrán?

Debajo en la tierra, los Tres se encontraban arrodillados ante el maestro. Ellos todavía llevaban su aura de amenaza y destrucción, todavía ellos eran temidos. Darla miraba excitada cuando ellos estaban avergonzados. El jefe de los Tres, tan cicatrizado que un ojo estaba cerrado de forma permanente, tendió al maestro una larga, afilada y atravesada lanza –un arma vampírica de ejecución. Actuando como si el no tuviera planes de usarla, el maestro se lo cedió a Darla, quien lo agarró con fuerza.

El líder de los Tres dijo, -Hemos fracasado en nuestra misión y ahora nuestras vidas te pertenecen.-


El maestro se dirigió hacia Collin, y habló tiernamente con su peligrosa y templada voz. -Presta atención, muchacho. Tú eres el ungido. Tienes mucho que aprender. Con el poder viene la responsabilidad. Es cierto que han fracasado pero también es cierto que los que vivimos de noche tenemos un vínculo común: quitar la vida –No me refiero a los humanos, claro –Es un asunto muy serio.

El líder de los Tres alzó la cabeza ligeramente. Darla sabía que él esperaba que a él y los otros les fuera perdonada la vida.

Sonando como el niño humano que una vez él había sido, Collin preguntó, -¿Y entonces les perdonas-.

El Maestro miró a Darla. Ellos habían estado juntos tanto tiempo, habían matado a tantos, que ella entendió lo que él quería. Sus ojos brillando, ella asió sus manos alrededor de la lanza y tranquilamente tomó su posición detrás del líder de los Tres.

-Estoy cansado-, el maestro dijo, -y su muerte me dará poca satisfacción-. El guiaba al niño de una pequeña manera.

Eso fue la palabra clave para Darla. Con toda su fuerza y su cólera contenida, ella atravesó la lanza maliciosamente a través del temeroso y poderoso vampiro. Él gritó, y después se convirtió en polvo.

Los gritos de sus hermanos le siguieron pronto.

-Claro que-, el maestro añadió, -un poco es suficiente-

La puerta de la biblioteca estaba medio cubierta con una gran señal que decía, “Cerrada por inventario. Por favor vuelvan mañana.”

La señal le parecía a Buffy una precaución innecesaria. Como Giles barriendo el hall para asegurarse de que estaba vacío, cerrar las puertas con llave, yada yada yada. Nadie en el instituto de Sunnydale iba a sacar libros. Más como el chico y la chica que van sacar libros. Y si tú tuvieras una pizca de popularidad, tú no irías en busca de material aceptable a la biblioteca del instituto. Ella movió su cabeza.

Buffy miraba atentamente un gran armario lleno de armas. Algunas chicas solían pasar sus tardes escogiendo vestidos equivocados y algunas chicas conseguían probar machetes según su tamaño.

-¡Qué bien! Una ballesta!-, dijo cuando tocó el antiguo arma. Después vio las flechas; más correctamente, los cuadrillos. ¡Hey, chica de testimonios sabios! –y comenzó a cargar el arma. -¡Huh, mira a esos bebés!-, susurró. -Adiós a las estacas, hola a la fatalidad voladora-. Ilusionada, miró alrededor. -¿A quién disparo?-

Mirándola perturbado, un frecuente riesgo ocupacional para esta cazadora, Giles, en velocidad reforzada, cogió la ballesta y la apartó, diciendo firmemente, -A nadie. Lo de la ballesta viene más tarde. Antes tienes que familiarizarte con las herramientas de combate básicas. Comencemos por el tradicional cayado-. Se armó con dos largos palos de madera y le tendió uno a ella. -Que, por cierto, requiere mucho entrenamiento. Hablo por experiencia.-

Ella miró el palo, después a él y casi se tronchó de risa. -Giles, estamos en el siglo veinte- dijo. -No voy a enfrentarme al monje Tuck-.

Troncharse de risa era la cosa más lejana de su mente. El replicó con su serio acento inglés, -Nunca sabes contra qué o contra quién tienes que enfrentarte-. Se puso un casco reforzado. -Y estas tradiciones son sumamente antiguas.- Cogió el cayado. -Ahora demuéstrame un buen y firme progreso en el cayado, y a su debido tiempo hablaremos de la ballesta-.

Él asió el cayado perpendicular a su cuerpo con ambas manos y se preparó a atacar al estilo Giles. -Ahora, ponte los protectores-, la dijo.

Ella ladeó su cabeza. -Con usted no los necesito-.

El aceptó su desafío con una ligera subida de su barbilla. -Eso ya lo veremos-. La saludó subiendo el lado derecho del cayado. -En guardia-.

Su primer ataque fue un golpe tentativo y él lo desvió fácilmente; después, madera contra madera, ella cogió el sentimiento del ritmo y cayó inmediatamente en ello: ataque, desvío, ataque, desvío, ataque, ataque, ataque. Ella le golpeó arriba, abajo, a la mitad, ¡wham! prácticamente oyó sus huesos chascar. Le había enseñado a no retener; parte de su obligación como vigilante era darle una lucha real.

¡Whack! Ella le golpeó en su espalda. Respirando con dificultad, la miró y dijo casi sin voz, -Bien. Ahora pasemos a la ballesta-.

Bien. Ahora pasemos a Angel. Buffy pensó, cuando ella llevaba la bolsa de la cena escaleras arriba. Su corazón estaba latiendo con fuerza. Mientras había ido a través de los pasos de su vida, el había estado esperándola en su casa todo el día. Al menos ella esperaba que él estuviera todavía allí. Entre el entrenamiento con Giles, dar un paseo a casa con su madre y estar enganchada a las obligaciones de la cocina, no había tenido oportunidad de ir a hurtadillas y verle.

Tomando aliento, abrió la puerta de su dormitorio, se deslizó dentro y cerró la puerta tras ella.

-¿Angel?-

-Hey-, dijo él. Salió de las sombras como si se hubiera mezclado con ellas, como si fueran algún tipo de colorido protector.

Ella le tendió la bolsa de plástico y dijo, -Te he traído algo de cena-. El miró curiosamente la bolsa, entonces retrocedió -Viene sin plato, lo siento. Bueno, ¿qué has hecho todo el día?-

-He leído un poco-. Gesticuló señalando el aparador. -Y he pensado en un montón de cosas-. Su cara era mortalmente seria. -Buffy, yo…-

Ella miró en la dirección que él había apuntado. El aparador. Su diario permanecía sobre el aparador. Cuando notó su presencia, su boca se abrió de horror. -¿Mi diario?- chilló. -¿Has leído mi diario?-

Se dirigió hacia el aparador, puso el diario en lo alto del aparador y lo golpeó hacia dentro.

-Eso no está bien. Un diario es el lugar más privado de una persona. Ni siquiera sabes que estaba escribiendo. Calla significa muchas cosas, cosas malas, y cuando dije que tus ojos eran penetrantes quise decir que eran saltones…-

-Buffy, yo…-, el dijo dirigiéndose hacia ella.

-Y A no significa Angel, claro. Es por …Achmed, un estudiante extranjero de intercambio y toda esa fantasía no tiene nada que ver contigo…-

Angel la interrumpió. -Tu madre movió tu diario cuando ella vino a arreglar tu cuarto. La vi desde el armario. Yo no lo leí, lo juro-.

-Oh-. Ella se dio cuenta. Diario: todavía privado.

Entonces comprendió como había hablado sin parar sobre todas las partes buenas del diario solo como algún fulano parloteando. Daños: peor que si el lo hubiera leído.

-Ohhhhh-. ¿Dónde estaban esas trampillas cuando tú necesitabas desaparecer?

El no pareció darse cuenta de su humillación. El estaba centrándose en algo más. Algo más intenso para él. -Le he dado muchas vueltas a esto,- comenzó. -No puedo estar cerca de ti-

Oh, no. Ella intentó no demostrar que estaba muriéndose por dentro. -Hey, no es grande-.

-Porque cuando estoy…-

-Oye…agua pasada…- Espera. Eso no estuvo bien…

-Lo único en que puedo pensar es en que quiero besarte-, el continuó, pero no lo manifestó con ella la primera vez.

Ella aguantó con resolución, determinada a no dejarle ver cuanto no quería que él se marchara de su vida: -Es bajo el puente, sobre el…- y entonces oyó lo que él había dicho. -¿Besarme?-, ella repitió como un eco, mirándole.

Su cara no perdió seriedad. Él no disfrutaba contándole esto a ella. -Soy mayor que tú y esto nunca podrá…- El paró, entonces pareció renunciar a algo. -Será mejor que me vaya-.

Ella preguntó suavemente, -¿Eres mucho mayor?-

De nuevo él dudó. Miró profundamente sus ojos. Un junco de calor disparó a través de ella; de cabeza a pies, se estremeció. Su cara estaba caliente. Sus manos estaban frías.

-Debería…-

-Vete. Vamos-. Ella se movió hacia él, sabiendo que él no iba a irse. Sabiendo, con una emoción, que él no podría marcharse.

Ella subió su barbilla; el la meció con sus dedos. Entonces sus labios estaban sobre los de ella. Fue el beso más dulce, tierno, inseguro.

Angel, Ángel. Buffy cantaba dentro. Todo lo demás se fue lejos: ser la cazadora y tener dieciséis años y estar en ningún lugar excepto en los brazos de Angel, y besar la boca de Angel.

Ambos se pusieron tensos cuando el beso llegó a ser más apasionado. Sí. Se dio entera hasta el momento, apoyada ligeramente en sus brazos mientras ella le besaba fieramente y él le devolvía el beso con mayor intensidad. La mano de él agarraba sus brazos, empujándola cada vez más cerca, entonces…Se dio cuenta que estaba luchando contra ella, intentando empujarse a sí mismo a la libertad.

El se echó atrás y desvió su cara.

-¿Qué?- preguntó, con un poco de dolor. -Angel, ¿qué ocurre?-

Súbitamente, la miró. Los ojos oscuros eran salvajes y estaban en blanco, como los de un animal. Su suave boca estaba estirada, revelando unos dientes puntiagudos y afilados…

Colmillos.

Ella gritó de terror.

Gruñendo, Angel se escapó por la ventana. Se deslizó por la chimenea, cayó al suelo y corrió a través de la noche mientras Buffy seguía gritando.

No. No. No.

La puerta a su dormitorio se abre de repente. Su madre corriendo, la llama, -Buffy, ¿qué ha pasado?-.

Buffy luchaba por respirar. No podía decir nada. ¿Cómo explicar? ¿Por dónde comenzar?

Ella debía tratar con esto sola. Pero estaba en tal shock. Tal dolor…

-Nada,- consiguió decir. -He visto una sombra-.

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sábado, 29 de noviembre de 2008

Las Crónicas de Angel Vol. 1/Capítulo I


Siguiendo con la novela "Las crónicas de Angel, volumen 1, aquí va el primer capítulo para que lo disfruten; trata el comienzo del episodio "Angel", de la primera temporada de Buffy; traducción y adaptación a cargo de Laurangel.
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Para leer el capítulo, haz click en "leer más".


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CAPITULO 1

Él sostenía en su puño un ornamentado encendedor decorado con una calavera y huesos cruzados. La llama ardió, él encendió el último de tres cigarrillos, uno para cada uno de ellos.

Él y sus compañeros eran malos hasta la médula, y lo sabían. La banda de los golpeadores. Los tres se asomaron a la esquina de una calle de un desierto Sunnydale, guardando su césped y ansiando la acción.

Súbitamente de la esquina, tres sombras oscuras se dirigían hacia ellos. Su extraña armadura brillaba en la tenue luz. Caminaban mezquinos.

Los tres golpeadores se enderezaron, preparados para problemas. Entonces, los tres invasores caminaron a zancadas directos hacia la intensa luz de la calle, moviéndose rápido, ignorando a los golpeadores como si ellos no existieran.

Sus rostros estaban ocultos. Demonios.

Los golpeadores se mantuvieron quietos durante dos segundos, entonces se movieron y echaron a correr.

Los Tres seguían andando, encabezando la calle.

Dominaban la calle.

Una cucaracha se deslizaba a través del suelo del Bronze. Un pie sobre ella a la vez que ese alguien con cierta prisa y con voz alegre grita “Cógela”.

-Ya la tengo,- anunciaba una chica, elevando del suelo la cucaracha muerta como un trofeo. Ella la deposita en un contenedor de plástico medio lleno de insectos muertos que el camarero sostiene y le dice, -Una copa gratis, por favor.- El camarero, de camiseta plateada, asiente felizmente hacia la chica.

Sobre un tablero en la pared puede leerse, “FIESTA DE LA FUMIGACIÓN. Encuentra una cucaracha y consigue una copa gratis”. Willow Rosenberg está sentada frente a Buffy, su mirada inclinada hacia abajo. Buffy llevaba puesto un top negro de ganchillo y su rubio cabello suelto con mechones del flequillo con los que Willow no podía competir. Buffy estaba definitivamente más ardiente de lo que ella era, Willow decía. Su cabello rojizo castaño era solo eso y su aburrido jersey marrón Rosenberg, el cual su madre había conseguido localizar entre toda la ropa de más tendencia de la tienda.

Willow dijo irónicamente, -Ah, la fiesta de la fumigación.-

Buffy continuaba enredando sus mechones, pero ella se despertó lo suficiente para decir, -¿Hmm?-

-Es una tradición anual,-Willow continuó. -Cierran el Bronze durante unos días para acabar con las cucarachas.

-Oh.

Willow insistió. -Es muy divertido.- La sonrió amablemente pero en ella brotó el malhumor y le dijo: -¿Se puede saber donde estás?

Buffy la miró y rió, avergonzada. -Perdona. Estaba pensando en otra…cosa.

Willow lo entendió de una vez. -¿Te refieres a algún chico?.-

Buffy hizo un mohín con la boca y se rió brevemente. -No exactamente de un chico. Para que pudiéramos hablar de un chico, tendría que haber un chico sobre el que poder mantener una conversación.- Ella arrugó su nariz. -¿Es eso una frase?-

Willow la dijo, -Te gusta un chico.-

Suspirando, Buffy movió su cabeza. -Sí, cosa que me parece estupenda, pero ---

-¿Y que hay de Ángel?

Buffy hizo una pequeña mueca. -¿Ángel? Me gustaría verle en una relación.- Ella disminuyó su voz, como la de un chico: -Hola cariño. Estas en grave peligro. Nos veremos el mes que viene.-

Willow se lamentaba. Ella se había figurado que la amenaza de enemigos sobre Buffy estaba terminada excepto por un guapo amigo y persona de advertencias. Tanto intentar acercarse. Nadie podía descifrar quien era o porque aparecía una vez de entre un millón para decir a Buffy sobre alguna nueva amenaza a su existencia o a la raza humana al completo para luego desaparecer. El sabía que ella era la cazavampiros, pero no ofrecía ninguna información sobre sí mismo.Era increíblemente guapo, a pesar de todo. E intenso. Muy intenso.

Comprensiva, ella ofreció, -No se le ve mucho el pelo, es verdad.-

Buffy no podía parar la sonrisa que cruzaba su cara. Ella estaba radiante cuando decía, -Pero cuando aparece es como si todas las demás luces se apagaran. ¿No te pasa eso con algunos chicos?-

Willow dijo, -Oh, sí-

Miró fijamente a la pista de baile donde Xander Harris estaba bailando, su oscuro y rizado pelo colgando sobre sus ojos. Él estaba haciendo prácticamente aerobic, de una manera que Willow entendía demasiado bien: Estoy tan metido en mi imbecilidad que tu no puedes burlarte de mí por eso. Pero Xander no era imbécil. Solo no estimado e infravalorado. Él no se daba cuenta de ello. Pero ella sí.

Ella se daba cuenta.

Xander seguía moviendo sus brazos, promoviendo su noche de rutina febril cuando Annie Vega miraba fijamente donde él se encontraba. El dijo alegremente, -Hey, Annie,- y después cuando su novio Neanderthal le miró fijamente, añadió, -¡Vito! Ya me voy.-

Se deslizó en otra dirección y chocó con esa taimada, conocida como Cordelia Chase.

-¡Ouch!- gritó Cordelia. Llevaba algún tipo de vestido de corte bajo de chica lagarto y su cabello suelto, oscuro y muy liso. La Cher del Instituto de Sunnydale. -Quieres hacer el favor de no pisar con tus horribles pezuñas mis zapatos de doscientos dólares .-

Hombre, los botes salvavidas, Xander pensó y dijo, -Perdón, es que estaba ---

-¿Dejando la pista de baile antes de que el novio de Annie Vega te aplaste como una hormiga?-


Xander sonrió orgullosamente. -Oh, te has fijado.-

-Uh-huh-

-Pues gracias por ser tan comprensiva-

Ella le miró con su orgulloso ojo del demonio y le dijo, -De nada-

-Oye no entiendo lo que dice la gente por ahí,- añadió en tono amistoso. Entonces lanzó la granada. -Ese vestido no te hace parecer una puta.-

Si no puedes unirte a ellos, hazles comerse la cabeza –o muere intentándolo.

Dejó la pista de baile mientras el estaba en cabeza, y se acercó a su dos mejores amigas, Buffy y Willow, quienes parecían tener tanta diversión como era humanamente posible si estuvieran muertas.

-Vaya, esa tal Cordelia es un mal bicho-, dijo él. Al ver que ellas no respondían, ladeó su cabeza y dijo, -¿Qué maldad estáis planeando?-

Willow respondió, -Estamos aquí viendo tranquilamente pasar nuestras estériles vidas. Oh, mirad, una cucaracha.-

¡Whomp! El pequeñín no tuvo oportunidad. Xander estaba a punto de felicitarla por su técnica cuando no vio vacilación de satisfacción predatoria en su cara. Buffy miró incluso peor.

-Se acabó chicas. Ya está bien de este absurdo juego,” dijo arrastrando las palabras.-Estoy mareado.-

Buffy se animó. -Bueno, no quiero hacer daño a mis seres queridos. Me voy a casa- Ella se preparó para marcharse.

Willow dijo, -Oh, no te vayas.-

Xander la secundó, -Sí, ¡es temprano! Podríamos bailar.- El comenzó a moverse en su rutina de discoteca.

-Otro día-, Buffy dijo alejándose de la mesa. Sonriendo, sin embargo. Aunque tristemente. A ambos amigos, les dijo, -Buenas noches.-

Ella se marchó. Willow mostró a Xander la suela atractivamente pegada de su zapato con su cucaracha aplastada y dijo, -¿Quieres una copa gratis?-

Rodeado de gente y ruido, Ángel permaneció solo, mientras miraba a Buffy dirigirse a la salida del Bronze. Se quedó en la sombra, su cara inundada de anhelo y preocupación.

Casi como si lo sintiera, Buffy se giró.

Pero él ya se había marchado.

Ella continuó.

Las calles estaban desiertas de gente cuando Buffy se dirigía hacia casa. En la distancia una sirena de ambulancia lloraba; la bocina de un coche sonaba. Aún bajo el ruido del tráfico, escuchó un ruido. Realentizó sus pasos y miró hacia atrás. No había nadie allí pero a menudo parecía no haber nadie allí mientras que algún demonio la acechaba.

Siguió caminando.

Como a medias ella esperaba, oyó otro ruido. Anduvo unos pocos pasos más y entonces paró. Esta vez no se giró alrededor cuando dijo, con resignación y determinación en su voz, -Es tarde. Estoy cansada y no tengo ganas de bromas. Déjate ver-.

Algo cayó al suelo tras ella, gruñendo salvajemente mientras ella sacaba una estaca de su chaqueta y se giró. Cuando ella alzó la estaca para clavarla, una mano cogió su muñeca desde atrás. Una mano con garras por uñas. Estaba unido por la mano de otro, la cual aprisionaba su brazo. El primero giró su muñeca hasta que la estaca cayó sobre la acera.

Eran tres, vestidos con extrañas armaduras, descomunalmente fuertes, incluso para ser vampiros.

Buffy dijo, -Vale, vale. Muy bien. Bueno, bueno. No quiero enfrentarme a los tres-.

Sin advertencias, golpeó al vampiro que tenía frente a ella –éste llevaba una cola de caballo anudada y un malvado y feo collar de colmillos –correcto donde ella contaba. -Si no es necesario,- y ellos estaban pasivos. Cuando el tipo de la coleta la agarró por los hombros, otro quien tenía una cicatriz que había lacrado su ojo, la golpeó en la espalda.

La lanzaron contra una valla. Entonces dos de ellos la agarraron mientras el de un ojo se preparaba a matarla. El preparó sus garras y bajó su rostro hacia el cuello de ella. Ella olió la muerte en él.

Su muerte.

Súbitamente una voz familiar cuando alguien dio un tirón a la espalda del vampiro de un solo ojo.

Angel.

El dijo, -Los perros buenos no muerden.-

Buffy se tiró de espaldas, golpeando así con sus piernas en la cabeza de sus captores. Uno cayó al suelo. El de la coleta la cogió y la tiró contra la valla imitando a lo que antes hiciera el de un solo ojo.

Angel se movió como una pantera: rápido, salvaje y letal. Fue a por el único que había caído cuando el vampiro de un solo ojo arrancó una barra afilada de una reja metálica y arremetió contra él.

-Cuidado-, gritó Buffy cuando él acuchilló a Ángel las costillas. Ella peleó contra el de coleta, aplastando su cabeza con sus manos abiertas, y entonces golpeando sus puños, doblados juntos como una pelota de boxeo, hacia su cara.

Angel estaba en el suelo; ella paró de golpear en la cara al de un solo ojo, entonces animó a levantarse a Angel mientras le gritaba: -¡Corre!-

Ellos huyeron. Rodearon un edificio, a través de un terreno vacío, y rodearon otro edificio cuando ellos llegaron a un área residencial. Ángel siguió los pasos de ella, casi como si el supiera donde ella estaba guiándoles. Giraron hacia Revello Drive. Buffy le miró; él estaba apoyándose de lado. Ella frunció el ceño, preocupada, pero aún lo estaba más por los vampiros ganándoles terreno. Llevando a Ángel unos segundos de diferencia, abrió la puerta principal.

Le inquirió a entrar dentro, gritando -Entra. Vamos.-

Justo cuando ella iba a cerrar la puerta, el vampiro de un solo ojo saltó hasta el porche, intentando agarrarla. Ella aplastó su mano con la puerta. Él la dejó libre y ella cerró de un portazo. Ella cerró con llave mientras miraba a través del cristal de la puerta, luchando por mantener la respiración.

Detrás de ella, Ángel intentaba calmarla, -Tranquila. Un vampiro nunca entra si no se le invita-.

-Eso he oído por ahí pero nunca lo he puesto a prueba-.

Los tres vampiros abandonaron el porche gruñendo. Ella no sabía cuánto tiempo ellos estarían lejos, pero parecía que Ángel estaba bien. Ellos no iban a poder entrar sin una invitación. Eso era un alivio.

Como estaba a simple vista Ángel permaneciendo en su casa, herido, pero vivo y devolviéndolw la mirada con sus oscuros y penetrantes ojos.

Ella le dijo, -Voy a por unas vendas. Quítate la chaqueta y la camiseta-.

Él la siguió hasta la cocina, dejando caer su chaqueta negra y alzando sobre su cabeza su camiseta. Ella alcanzó a sacar el kit de primeros auxilios del armario.

Fue entonces cuando ella se giró y vio que él la daba la espalda y estaba desnudo de cintura para arriba, su corazón comenzó a latir más rápido. Ella se paró, hipnotizada por los marcados músculos en su espalda y brazos, la tersa piel sobre su nuca.

Un gran tatuaje de una criatura voladora se ondeaba en su hombro derecho cuando él se movía ligeramente, y ella se despertó de su aturdimiento diciéndole: -Bonito tatuaje.

Entonces ella comenzó a vendar su herida. Él estaba frío. Tenía sentido; él estaba sin camiseta y hacía un frío horrible fuera. Su herida era profunda, y se sorprendió de que a él no pareciera sentir más dolor.

Ellos estaban muy juntos. Buffy era consciente de que su cara –sus labios- estaban a pulgadas de los de ella. Para distraerse ella misma, ella habló, -Ha sido una suerte que llegaras.- Entonces, recobrando su compostura, ella alzó su rostro hacia él y con un tono de falsa sospecha, -¿Cómo es que apareciste de repente?-

Él contestó, su voz suave y profunda, -Vivo por aquí cerca. Estaba dando un paseo-

-Entonces, ¿no me estabas siguiendo? Tenía la impresión de que me seguías-

Su sonrisa era débil pero estaba ahí. -¿Por qué iba a seguirte?-

Ella habló rápidamente, sus dedos buscando las vendas de esterilizar en el kit. -Dímelo tú. Tú eres el misterio que sale de la nada.- Ella le dio una pequeña sonrisa. -No digo que no me alegre de que hayas aparecido pero si andas por aquí me gustaría saber por qué.-

Ella terminó la venda y se enderezó, ahora incluso más cerca de él.

Él respondió, -Tal vez porque me gustas-.

Ella le miró fijamente, atrapando la fragancia de su cuerpo, el ligero sudor, el olor de jabón o quizá incienso. -¿Tal vez?- ella preguntó, de alguna manera entre esperanzadora y juguetona.

Él no respondió, solo la miró. Buffy respiró. Sabía que algo estaba a punto de ocurrir.

Algo ocurrió.

La puerta principal se abrió.

¡Rayos!

Buffy corrió hacia la puerta. Su madre estaba todavía en el porche, poniendo sus llaves de vuelta en su bolso y alcanzando a abrir el buzón del correo. Buffy empujó bruscamente a su madre hacia el interior y echó una ojeada en busca del enemigo.

Joyce Summers la dijo, -Pero,¿Qué haces cariño?-

Después de mirar fuera, Buffy rápidamente cerró la puerta y la aseguró con llave. -Se ve gente muy rara por ahí de noche. Y me siento más tranquila si estas sana y salva en casita-.


Entonces su siguiente pensamiento fue el del guapo chico más mayor que ella y sin camiseta que estaba en su cocina y le dijo francamente, -¡Debes de estar agotada!-

Su madre parecía fatigada. Ella asintió. -Lo estoy. Para ser una galería pequeña, no sabes cuanto ---.

Buffy la cortó bruscamente para hacerla subir. -¿Por qué no subes arriba, te metes en la cama y ahora te subo un té calentito?-

Joyce miró encantadoramente sorprendida. -Que detalle. ¿Qué has hecho?-

Tomó un momento a Buffy analizar la pregunta. Todavía fingiendo inocencia, ella abrió sus ojos más. -¿Es que una hija no puede preocuparse por su madre?-

La mirada de Joyce señaló pasada su hija. -Hola-

Detrás de Buffy, Ángel respondió, -Hola-.

Uh-oh. Se acabó todo. Afortunadamente Ángel se había vestido de nuevo. Buffy comenzó a hablar como una charlatana, -Uh, bien. Um, Ángel, ésta es mi madre. Mamá, éste es Ángel. Nos encontramos volviendo a casa.- Y si ella se cree esto, tengo algunas tarjetas de informes que ella podría firmar…

Ángel le dijo, -Encantado de conocerla-.

-¿A qué te dedicas, Ángel?-, su madre preguntó, muy educadamente mientras Ángel dudaba: chico más mayor versus padre de chica joven. Ronda uno.

Buffy le cubrió diciendo, -És estudiante-. Ella se dio cuenta de que él parecía demasiado mayor para estar en el instituto. -Está en primer año de universidad. Me ha echado una mano en Historia-. Ella sonrió. -Sabes el esfuerzo que me cuesta-.

No estaba claro cuanto, si era algo, lo que su madre creía. Su madre le dijo, -Es un poco tarde para estudiar. Yo me voy a la cama y… ¿tú Buffy?-

Insinuación, insinuación.

-Daré las buenas noches y haré lo mismo,- prometió Buffy.

Su madre echó otra mirada escrutadora a Ángel. -Encantada de conocerte-

Ella se subió escaleras arriba.

La cazavampiros agarró la puerta principal teniéndola abierta y habló en alto: -Buenas noches. Gracias por ayudarme a estudiar-.

Ella cerró la puerta e increpó a que Ángel subiera con ella escaleras arriba. El la siguió, consciente de su intimidad, consciente de que iban a su dormitorio.

Él se deslizó dentro mientras ella comprobaba el hall, después cerró su puerta. Rápidamente él dijo, -Mira, no quiero meterte en líos-.

-Y yo no quiero que te maten-, ella insistió. -Podrían estar todavía fuera. Así que…Oh-. Miró alrededor, como si nunca hubiera estado antes en su propia habitación. -Somos dos-, dijo de forma avergonzada. -Una cama. Esto no concuerda. Um, ¿por qué no duermes tú en la cama? Estás herido-.

Angel se dio cuenta de su preocupación. Las manos de ella sobre su cuerpo habían sido dulces y cuidadosas; él pensó en ellas ahora cuando él dijo firmemente, -Dormiré en el suelo-. Para evitar la protesta de ella, añadió, -Oh, créeme, he dormido en peores sitios-.

-Ok.- Ella miró hacia la ventana. -Entonces, ah, ¿por qué no miras si esa banda está husmeando y, um, me das la espalda mientras me cambio?-

Angel sonrió y se dirigió hacia la ventana, girando obligadamente su espalda. Él podía oír el crujido de la ropa mientras estudiaba la oscura noche. Nada se movía fuera, como si todo estuviese tranquilo.

-No les veo-, la informó.

Dentro, en el dormitorio de Buffy no había tranquilidad. Latía tensión y excitación. La de él. Y la de ella también. De lo cual estaba convencido.

-Yo soy la elegida-, ella dijo. Él mantenía su espalda girada, inseguro de si ella había terminado de cambiarse. -Es mi trabajo luchar con tipos como ese. ¿Cuál es tu excusa?.

-Alguien tiene que hacerlo-, él murmuró.

-¿Qué piensa tu familia de tu elección?-

¿Cómo debo llevar esto? ¿Qué le digo? El replicó simplemente, -Están muertos-.

Buffy paró y se giró hacia él. La luz de la luna iluminaba a través de las persianas de la ventana formando sombras en su rostro casi como rejas. Su perfil estaba claramente cincelado, y con la mirada de ella, Buffy trazaba la silueta. Ella preguntó tranquilamente, -¿Fueron vampiros?-

El se giró hacia ella, su cara invadida de dolor sin palabras.

-Sí-.

-Lo siento-.

-Fue hace mucho tiempo-. Su voz delataba dolor enterrado, odio oculto.

-¿Así que esto es una venganza para ti?-, ella insistió.

Por un momento hubo silencio. Entonces él la miró, de hecho la miró y dijo, -Estas guapa incluso cuando te vas a dormir-.

Súbitamente ella deseó que ella se hubiera cambiado en algo más que su camiseta y su pantalón de pijama. Ella sonrió débilmente y dijo, -Bien, cuando me levanto, es una historia completamente diferente.- Ella le tendió un edredón y una almohada. Que duermas bien-.

En la calma e iluminados por la luna ellos permanecían, ella en su cama y él en el suelo. Ambos despiertos, ambos mirando al techo, soportando la presencia del otro. Ellos se habían enfrentado a la muerte juntos, y ahora ellos se enfrentaban a la cercanía el uno del otro.

-¿Angel?- Buffy murmuró.

-¿Sí?-

-¿Roncas?-

El sonrió, solo un poco. -No lo sé. Hace mucho tiempo que nadie está en posición de decirme si lo hago-.

La sonrisa de Buffy era más grande que la de él. Hace mucho tiempo. Eso era bueno. Era un pensamiento en cual ella podría dejarse llevar, dormir y soñar.

Pero Angel permaneció despierto toda la noche, escuchando el latido del corazón de Buffy.

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viernes, 21 de noviembre de 2008

Las Crónicas de Angel, Volumen 1

Hoy comienza la publicación de una nueva serie de libros de Buffy, se trata de "Las Crónicas de Angel", de Nancy Holder; realmente muy entretenido, en especial para los amantes de Angel y la pareja Buffy/Angel. En esta novela, conocemos los pensamientos y las reflexiones del vampiro con alma que se enamora de la Cazadora, el primer volumen se basa en los episodios “Ángel”,“El chico serpiente” y “Miénteme”.

La traducción y adaptación están a cargo de la amiga Laurangel, que además tiene otro proyecto entre manos, pero eso lo veremos más adelante. Por tanto todos los agradecimientos para ella. Una vez acabada la novela, se traerá en Word y como muchos sugirieron, en PDF. Que disfruten la lectura.

Para leer El Prólogo de "Las Crónicas de Angel, Volumen 1", click en 'Leer más'.


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-TE INVITÉ A MI CASA.

Buffy continuó, necesitando expresar su dolor, sintiendo de nuevo la sorpresa y la desesperación. -Y entonces atacaste a mi familia.-

-¿Por qué no?-, preguntó él casi repentinamente, pero su expresión estaba llena de dolor.- Yo maté a la mía.-

Comenzó a acercarse a ella.

-Maté a sus amigos. Y a los hijos de sus amigos. Durante cien años ofrecí una muerte horrible a todo aquel que conocí. Y lo hice con una canción en mi corazón.-

Ella percibió una mera insinuación de aborrecimiento; alzó su barbilla ligeramente y preguntó, -¿Qué ocurrió?.-

-Me alimenté de una chica-, le dijo. -De tu edad. Guapa.- miró hacia el infinito por un momento. -Muda como un poste. Pero la favorita entre su clan.-

-¿Su clan?- Buffy repitió, insegura de la palabra escogida.

-Romani-, explicó él. -Gitanos. Los ancianos conjuraron el perfecto castigo para mí.-Esperó un segundo. -Restauraron mi alma.-


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BUFFY CAZAVAMPIROS: LAS CRONICAS DE ANGEL. VOLUMEN 1.
Una novela de Nancy Holder.

Basado en los capítulos “Ángel” y “El chico serpiente” de David Greenwalt y “Miénteme” de Joss Whedon.


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LAS CRÓNICAS.

Terminó.

Los dos últimos vampiros supervivientes salieron repentinamente del club de Sunnydale conocido como El Bronce y huyeron hacia el callejón, con el terror en sus caras.

Sorprendido, Ángel caminó desde las sombras hacia la luz de la luna y les miró marchar. -Lo hizo. Me crucificarán..

Esa bella y joven cazadora había frustrado la cosecha. La amenaza había acabado…por ahora.

Pero los vampiros regresarían, con fuerza. Su líder, el maestro, encarcelado bajo tierra en una iglesia en ruinas, lanzaría todo contra la chica hasta que él clamara victoria…y ella muriera. Aquella noche todos los demonios, vampiros y otras fuerzas oscuras que caminaban en la noche bailarían con júbilo sobre la tumba de la cazadora.

Pero si él, Ángel, creía que la cazadora estaba condenada, ¿por qué la había seguido aquella primera noche, en su camino al Bronce? ¿Para advertirle lo que vendría? ¿Por qué la había buscado para advertirle de nuevo?

¿Por qué pensaba en ella ahora y en cualquier otro momento mientras estaba despierto?

Sonrió –una ligera, casi fría sonrisa- por Angelus, una vez el azote de Europa, nunca podría por completo dejar ir su remordimiento sobre las terribles maldades que había cometido. O de lo odiado que él había sido una vez: el vampiro más despiadado que alguna vez cazara seres humanos y revelara su secreto durante la perdición de ellos.

Todavía recordando su primer encuentro con Buffy Summers, la cazavampiros, podía sonreír un poco.

Era la noche en que la había dado la cruz.

Cuando ella caminaba hacia el Bronze, había notado que él estaba siguiéndola. Cualquier cazadora lo sabría. Y mientras era verdad que ella le había cogido por sorpresa, lanzándose hacia abajo desde una cañería que sobresalía cuando él giraba hacia el callejón para seguirla, eso era lo que también él debería haber esperado de la elegida.

Pero no estaba preparado para su inteligencia o su belleza. Ella jugaba con las palabras; era sarcástica. Y aún así entendía ambos, el milagro y el peso de su vida como la cazadora.

Y, la verdad sea dicha, le gustaba mirar su cara cuando reflejaba su fascinación por él. Estaba acostumbrado a ser admirado por las mujeres - ¿no dejaban constancia los diarios de los vigilantes de su nombre completo como “Angelus, el de la cara angelical”? Pero él no estaba acostumbrado a que alguien mirase, a través de esa cara, su alma.

Su pobre alma.

No había estado preparado para decirle todo, solo para unir fuerzas. -Quiero lo mismo que tú,- le había dicho. -Matarlos. Matarlos a todos.-

Entonces, le lanzó la caja que contenía la cruz –la cual él no osó tocar –y dijo, de la cosecha, -No le des la espalda a esto. Tienes que estar preparada.-

Pero, ¿estaba él preparado? Ángel se preguntó, recordando su segundo encuentro más temprano. Ella había ido a la guarida de los vampiros a salvar un amigo. Él la había seguido en las sombras, queriendo ayudarla, sin osar revelar su verdadero yo todavía. El momento no era el correcto.

Había arriesgado mucho diciéndole su nombre. Su profesor y vigilante, Rupert Giles, era conocido y respetado como un consumado investigador. Si Giles tiene todos los diarios de los vigilantes…

Ángel no estaba seguro de si le diría alguna vez lo que él era. Ya estaba comenzando a gustarle.

Mucho.

Ella correría, chillando, lejos de él si alguna vez descubriera su secreto.

O lo que es más, lo mataría.

Pero porque esta noche era la cosecha, había intentado disuadirla de ir bajo tierra a salvar a un chico.

Su cara expresaba determinación. -Ahí abajo tengo un amigo –o, al menos, un amigo en potencia-. Ella medio sonrió. -¿Sabes tú lo que es tener un amigo?.-

El no le había devuelto la sonrisa en aquella pregunta. Quizá entonces ella se había dado cuenta que estaba desvalido y solo. Quizá ella había leído el hambre en su cara por las cosas que había abandonado y las cosas que había robado de él.

Quizá ella, también, sintió los primeros movimientos de una nostalgia que nunca debería ser fingida.

Pero cuando los vampiros huyeron del Bronze, sus monstruosas caras se congelaron de terror, Ángel sonrió.

Entonces silenciosamente se movió a través de la noche.

Solo.

Dentro del Bronze, Buffy permanecía con su nuevo vigilante, Rupert Giles, y sus dos nuevos mejores amigos, Willow Rosenberg y Xander Harris. Las cenizas de los vampiros muertos, incluyendo la vasija del maestro, estaban disipándose ya en el aire del club. El mobiliario roto era todo lo que permanecía como evidencia del ataque de los vampiros.

Eso y unos cuantos cuerpos de las víctimas. La mayoría de los clientes habían escapado, pero algunos permanecían, aturdidos y en silencio.

Buffy observó la matanza. Vio los rostros asustados de aquellos por los que ella debía dar su vida para protegerlos, si era necesario. Absorbió el hecho brutal de que no podía escapar de su destino. Incluso con el traslado de ella y su madre a esta nueva ciudad, Sunnydale, ella era, y siempre sería, la cazadora.

Esto la hacía sentirse aparte. Diferente.

Y con la terrible necesidad de alguien que entendiera la oscuridad que debía caminar.

Pensó en el intrigante y llamativamente hombre guapo que pareció intentar ayudarla. El misterioso Ángel.

Se preguntaba si volvería a verle alguna vez.

Y si lo hacía, él sería para ella y ella para él.


LA PRIMERA CRÓNICA: ANGEL PRÓLOGO


La guarida de los no muertos: una derruida iglesia bajo tierra, apestada de putrefacción, corrupción y muerte. Los aparentemente templados brillos de cien velas. Una piscina de sangre.

Un pequeño niño lanzaba guijarros hacia el espeso líquido carmesí.

A su lado sentado un vampiro enfundado en un traje de piel sonríe indulgentemente, su alargada mano llena de piedras para el inocente juego del niño.

Pero este no era un niño corriente. En la vida mortal, él había sido Collin. Pero después murió. Ahora era el Ungido, y servía al vampiro quien estaba sentado impasible como un rey junto a él en una ornamental y tallada silla: el maestro, señor de todos los vampiros de la boca del infierno. En la vida mortal, el maestro había sido exactamente lo que él era en muerte: un monstruo.

Y no había nada inocente en su juego.

Darla se acercó, regresando de su caza. Como Collin, ella estaba cubierta de inocencia: un bonito rostro enmarcado por un rubio cabello, llevando el uniforme de un colegio de niñas privado. Ella prácticamente atravesó la sala, sabiendo que ella era la favorita del maestro. Con todo sur helado ser sin corazón y sin alma, ella soñaba con la noche en que el maestro se libraría de esta mazmorra y dominaría un mundo lleno de vampiros, demonios y monstruos.

Y esperanzadoramente, habría alguien más para compartir el glorioso momento con ella. Alguien con quien ella había aterrorizado Europa. Alguien que rompía las gargantas de las víctimas que ella había tomado.

Su nombre estaba en sus labios, siempre.

De espaldas a ella el maestro dijo -Zackery no volvió anoche de la cacería.-

Darla paró y siseó. -La cazavampiros.-

La voz del maestro era aguda pero calmada -Zackery era fuerte y muy cauteloso. Pero la cazavampiros le ha matado, al igual que ha hecho con muchos de mi familia.- Respiró profundamente y subió su barbilla muy ligeramente. -¡Qué injusticia!.- Se giró al Ungido. -Collin, ¿qué harías tú?.-

El Ungido replicó simplemente en su voz no mundana. -La aniquilaría.-

El Maestro inhaló con placer. -Me suena a música celestial…-

Darla caminó hacia él anhelante. -Deja que lo haga, maestro-, ella respiró. -Deja que yo la mate.-

El maestro dijo casi severamente, como si el tema fuera angustioso para él. -Tú tienes un interés personal en esto.-

Ella respondió malhumorada, -Nunca hago nada divertido.-

El maestro continuó en su calmada y monótona voz, el tono que tomaba cuando era más peligroso. -Enviaré a los Tres.-

Los ojos de Darla se llenaron de excitación. -Los Tres.- Su voz estaba matizada con anticipación. Y placer.

Y triunfo.

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