Soulverse: Inmortal, Capítulo 1

Soulverse

domingo, 18 de mayo de 2008

Inmortal, Capítulo 1


El primer capítulo de esta gran novela,
para leerlo
solo pichen en leer Más.



CAPITULO UNO


Varios Meses Después…

A simple vista la ciudad de Sunnydale era otra pequeña ciudad de las que componen la interminable extensión suburbana de California del Sur: prometía mucho, peor cumplía muy poco.

No tenia barrios reales, solo lugares situados a diferente distancias de la autopista mas cercana. La vida continuaba en la otra punta de esa autopista, en el lugar de trabajo; ya fuera de la oficina o la escuela, ambos lugares creados no por su proximidad, sino por las apariencias. Aunque el comité escolar hablaba de la excelente educación pública de Sunnydale, todo el mundo creía que la llave del éxito dependía de a quien conocías y de lo encantador que pudieras ser.

Pero había otras cosas que no funcionaban en Sunnydale, ante las cuales esta adoración de las apariencias por encima de la sustancia resultaba ser la menos de las faltas. A diferencia de las demás ciudades similares que salpicaban la costa del sur de California, Sunnydale estaba maldita. La Boca del Infierno yacía dormida bajo su superficie, dispuesta a abrirse a la primera provocación para liberar demonios, monstruos y fuerzas de las tinieblas que ansiaban la destrucción del mundo. La maldad era atraída hacia la Boca del Infierno como si fuera un imán, y había sido atraída a Sunnydale para florecer allí.

Zuñidle era el epicentro de las fuerzas oscuras que acechaban en las sombras del mundo, y que amenazaban constantemente a la humanidad. Era la zona cero de la maldad.

A su modo, Sunnydale era el corazón de las tinieblas.

Y cuando se quiere destruir algo, uno apunta al corazón.

Eso era lo que tres años antes había traído a la Cazadora, Buffy Summers, la Elegida, a Sunnydale; aunque ella no lo supo entonces. Se había visto obligada a dejar atrás su ciudad en Los Ángeles cuando su guerra contra la oscuridad la obligo a incendiar el gimnasio de la escuela. Y había venido a esta ciudad con su madre, Joyce Summers, porque a ésta le pareció el lugar ideal para empezar de nuevo. El lugar ideal para llevar una galería de arte tal y como siempre había querido.

Buffy creía en ese sueño. Estaba encantada de tener una oportunidad para olvidarse del asunto de los vampiros. Ahora sabía que había sido una ingenua al creer que podría escapar de su destino. Pero, por aquel entonces…, por un breve y luminoso momento, había creído que podría volver a ser una chica normal.

Rupert Giles, su nuevo Vigilante, se presentó ante ella en su primer día de instituto, evaporándose así cualquier esperanza que pudiera tener de llevar una vida normal.

En este momento, en esta fría y gris noche de febrero, una lluvia torrencial golpeteaba el aislante metálico del Bronze. El viento azotaba las ventanas como si fueran las vértebras de un cementerio de recuerdo congelados y abandonados. El Bronze apestaba a lana mojada y café. La gente entraba en el club completamente empapada, porque, por norma, los californianos del sur no tienen paraguas. O, si los tienen, nunca se acuerdan de usarlos.

Buffy se deslizó en su silla de Bronze, saboreando su mocachino recién conseguido y deliciosamente caliente, y sonrió abiertamente a su amigo Xander Harris, sentado al otro alado de la mesa.

-¿A que es estupendo? Alarmas de inundación, y yo con mis amigos. Sin vampiros a los que matar. Sin demonios a los que destruir. Sólo mis amigos, un grupo musical de las mediocre y yo.

Xander asintió alegre.

-Sí. Debe de ser genial ser una Cazadora en el sur de California. Hasta las fuerzas del mal se toman la noche libre cuando hace mal tiempo.

-La verdad es que el trabajo ha escaseado toda la semana -dijo Buffy-. Estoy teniendo problemas para mantenerme ocupada por las noches. O casi. -Alzó las manos-. Anoche me hice la manicura.

Entonces puso una expresión culpable al mirar a su mejor amiga, Willow Rosenberg, que se acercó al asiento vacío de la alta mesa redonda cargada con dos enormes tazas de café.

-Por supuesto, la manicura estuvo acompañada de una buena sesión de estudio. No quiero que sientas que malgastas todo el tiempo que pasa ayudándome.

-Te concedo mi tiempo libremente -anunció Willow, entregando una taza a Xander, que les había guardado la mesa-. Y el grupo no es tan malo. -Hizo una pausa-. Claro que ésa es la definición de mediocre, así que, vale.

Bebió su café con leche y sonrió en dirección a la barra, donde su novio, Oz, estaba comprando unas pastas.

Ése te volvió hacia ella como si notase su mirada, y la sonrió. Sus ojos azules brillaron.

Buffy sentía nostalgia. Apenas podía recordar lo que era tener una relación que no fuera atormentada y difícil.

Oz era un hombre lobo tres noches de cada mes, pero la cosa no pasaba de ahí. No era como su situación con Ángel.

-Vaya, estás dejando de sonreír -desaprobó Xander-. No olvides, Wendy, que si no tenemos pensamientos felices, el polvo de hadas no funcionara y dejaremos de poder volar.

-Oye, que me siento de lo más ligera -protestó Buffy. Dio un sorbo a su mocachino para probarlo. Se lamió los labios y lanzo un suspiro de satisfacción-. No hay nada mejor que los momentos como este, en los que me libro de salir de caza.

-Ni nada mas corto -dijo Xander despacio, mientras hacia un gesto hacia la entra del Bronze.

-No -gimió Buffy-. No, no, no.

Giles estaba cerrando su paraguas mientras miraba entre la multitud. La expresión del cuarentón, curiosamente gallardo, era extremadamente seria. Eso, y que normalmente evitaba el Bronze como a la peste, resultaban indicios de lo mas reveladores de la había ido allí por trabajo.

-Vosotros distraedlo mientras yo me escondo bajo la mesa -gruñó Buffy.

Giles la localizo y se dirigió hacia ella. Willow frunció el ceño compasiva y Xander el dedo en dirección a Giles.

-Esta Cazadora está fuera de servicio -dijo a modo de saludo-. Y muy necesitada de tiempo libre.

-Hola, Giles -dijo Buffy con tristeza-. ¿Qué pasa?, no es que quiera saberlo…

-Lo siento, Buffy -al menos se mostraba arrepentido-. Acabo de enterarme de que el forense olvidó mencionar a la prensa que Jackson Kirby tenia el cuello desgarrado y apenas sangre en el cuerpo.

Jackson Kirby había sido algo así como una celebridad local. Un pordiosero sin techo que desde hacia siete años era parte integrante de la esquina de la avenida Ladera con Escondido Boulevard. El cartel que colgaba de su cuello decía: “TRABAJO POR COMIDA”. No estaba nada claro si alguien había respondido alguna vez a la oferta.

Lo habían encontrado muerto en un callejón a primera hora de la mañana. Como carecía de familia y, según la prensa local, no había nada sospechoso en su muerte, se le había enterrado rápidamente a costa de la cuidad.

-Lo han enterrado en Restfield -continuo Giles-. Si se levanta, habrá que asegurarse de que no lo hace por mucho tiempo.

Snif. así es la vida de una Cazadora. Pensó Buffy.

-¿Y no crees que esperará a que deje de llover? -preguntó mientras empezaba a ponerse el impermeable.

-He traído mi coche -dijo él.

-Y un paraguas -notó ella. Cogió su taza y la examinó-. Y, qué suerte, me he acabado mi bebida caliente.

-Entonces, el vaso está medio lleno -aventuró él.

Ella le miró fijamente.

-Un tercio -se corrigió él.

-Eh, eso iba a decirlo yo -repuso Xander-. ¿Quieres que te acompañe, Buffy?

-Eso sería ir mucho más allá del estricto cumplimiento del deber, Xand -le dirigió una sonrisa triste-. Pero eres un encanto por ofrecerte.

-No tengo nada mejor que hacer -insistió él.

-Es sólo uno al que hacer polvo. Lo liquidaré en nada de tiempo. -Chasqueó los dedos.

-Justo lo que pensaba. Te acompaño -insistió Xander.

Oz se acercó, llevando un plato con un cruasán con mantequilla que ofreció a Willow.

-¿Pasa algo? -preguntó.

-Sólo para nosotros -le aseguró Buffy-. Podéis quedaros.

Xander sonrió y se bajó del taburete.

-El deber llama -dijo a Oz y a Willow.

Willow se llevó a la boca un pedazo de cruasán.

-¿Queréis que os acompañemos? -dijo mientras masticaba-. Porque nosotros somos aquí muy felices.

-Tenéis cosas mejor que hacer, chico -repuso Buffy con una sonrisa.

-Eh -protestó Xander, molesto, antes de encogerse de hombros-. Vale que yo haya sido el primero en comentar
mi carencia de compromisos sociales, pero tampoco tenéis que amontonaros todos para ayudar.

-Vámonos ya, ¿queréis? -repuso Giles, aclarándose la garganta-. Seguramente será algo rápido.

-Eso es lo que dicen todos -comentó Xander antes de sonrojarse-. Como si no lo hubiera dicho.

Buffy sonrió ligeramente y cogió su bolsa de Cazadora. Pobre Xander.

Buffy caminaba delante, hacia la salida del Bronze, cuando entró Cordelia Chase. Iba matadora, con una gabardina y unas botas de tacón, y completamente seca. Xander se tensó al verla, pero Buffy simuló no darse cuenta.

Un chico mitad de alto que Cordelia y con cara de alucinado bajó cuidadosamente el paraguas de las alturas del pelo de ella. Una única gota de agua de lluvia tocó la punta de la nariz de Cordelia, y ella miró fijamente al chico. Ése te encogió.

-Perdona, Cordelia.

La chica reaccionó con un gesto de impaciencia. Él se la quedó mirando.

-¿El café? -dijo ella mirándolo inquisitivamente-. ¿El pastel?

Él chasqueó los dedos.

-Doble con leche desnatada. De melocotón, light.

-¿Y? -ella alzó una ceja imperial.

El chico se esforzó por encontrar la respuesta. No parecía muy contento. había conseguido llegar hasta el final del concurso, y no se le ocurría la respuesta del premio.

-¿No serán dos sobres de sacarina? -sugirió Xander.

Cordelia alzó un hombro. El chico se la quedó mirando como si nunca hubiera oído hablar de la sacarina.

Entonces sus labios se separaron.

-¡Oh!

Se escabulló a toda prisa.

-Debe de tener un coche de miedo -.dijo Xander con calma.

-Su padre lleva el concesionario de Porsche -dijo Cordelia, haciendo un gesto con la cabeza en dirección a Buffy y Giles, y quitándose la gabardina-. ¿A qué emocionante aventura vais corriendo? ¿Otro recorrido por el bonito sistema de alcantarillado de Sunnydale?

Buffy negó con la cabeza.

-No, eso ya lo hicimos anoche, cuando salvamos al mundo de la serpiente Unbengi.

-Bueno, pues gracias en nombre del mundo. Ahora, disculpadme. Estáis tapando a todo el mundo la visión de mi modelito.

Xander lanzó un bufido y le puso los ojos en blanco a Buffy. Ésta pensaba en algo que replicar, pero Giles dio unos golpecitos a su reloj.

-Debemos salir ya.

-Divertíos -repuso Cordelia, saludándolos con la mano. No había dirigido ni una sola palabra a Xander, ni había reconocido su presencia.

-Porsches. Qué vulgaridad -gruñó Xander.

Buffy se preocupó por apartarse bastante de Cordelia mientras salía del Bronze, flanqueada por Xander y Giles. La lluvia caía con fuerza y resultaba temible hasta la breve caminata al coche. Giles abrió las puertas de su viejo Citroën gris. Xander subió al asiento trasero, mientras Buffy iba de copiloto.

Tuvo lugar el inevitable momento de emoción en que se preguntó si el Gilesmóvil arrancaría o no. Una vez mas, Buffy se asombró cuando el motor cobró vida con un traqueteo.

Y entonces partieron.

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Joche Summers estaba sola en casa, rodeada por papeles dispersos sobre la mesa de la cocina, escuchando la lluvia y preguntándose a que hora volvería Buffy. Mientas miraba las ventanas oscurecidas por la noche notó la llegada de otra tos e intentó acallarla. Llevaba todo el día tosiendo y moqueando, y era el peor momento posible para coger un resfriado, en la galería había mucho que hacer. Llevaba mas de dos meses preparando la exposición de teatros de sombras malayos y organizando una recepción al autor. había dado por hecho que tendría que trabajar mucho, pero al final seria una exposición maravillosa.

Dio un sorbo al té, que se había queda tibio. No se encontraba nada bien y, la verdad sea dicha, deseaba la compañía de Buffy tanto como deseaba estar segura de que su niña estaba sana y seca.

Ser madre es una tarea difícil, y mas cuando se es la madre de la Elegida, la uncía chica de su generación que debe enfrentarse a las fuerzas del mal. Al principio, Joyce no se creyó la historia de que Buffy era una Cazadora de Vampiros, e incluso estuvo a punto de echarla de casa. Su recompensa por tal falta de fe fue pasarse todo un verano rezando para que su hija ausente no estuviera muerta, y algún día volvería a casa.

Pero, a medida que las noches transcurrían en una única larga y agónica vigilia, fogonazos momentáneos de pánico debilitador -la han matado, no volverá nunca- traspasaron su feroz decisión de no desmoronarse. No se le había ocurrido antes de ese momento que pudiera llegar a sobrevivir a su hija, una pesadilla que siempre había creído reservada para los malos padres. Para padres descuidados y negligentes. Pese a su trabajo en el refugio de fugitivos de sus hogares, no podía quitarse de la cabeza la idea de que si algo… malo le ocurría a Buffy, sólo seria por su culpa.

Pero lo prioritario no había sido el sentirse culpable, sino encontrar a Buffy. Giles había recorrido el país buscándola, mientras Joyce asumía la mas difícil tarea de esperar junto al teléfono. Saltando ante cada sonido, creyendo que había oído abrirse la puerta.

Tal y como estaba haciendo ahora.

¿Cómo podía cruzarse de brazos una madre, noche tras noche, mientras su hija corría peligro? Pero eso era justamente lo que se le pedía que hiciera.

Volvió a toser. Estaba cansada, tenia el pecho dolorido y la garganta en carne viva. Solo quería dormir.

Hace frío, pensó con tristeza. No me extraña, con tanta lluvia.

Su mente retrocedió a tiempos más felices, cuando Buffy era pequeña y Hank y ella creían que lo de felices para siempre era aplicable a todos los matrimonios, especialmente al suyo. Cada vez que ella caía enferma, su exmarido le preparaba un caldo de pollo que le llevaba humeante en la bandeja de paja que compró en Filipinas. Con tropezones, recordó ella.

Entonces, el matrimonio se acabó con rapidez y se divorciaron. Él se quedó en Los Ángeles. Y, aunque sabia que Buffy se culpaba de la ruptura de sus padres, los dos no podían dejar de echarse la culpa a si mismos. Ellos eran los adultos. Ella la niña.

Joyce se levantó nerviosa y con mal cuerpo y se dirigió al frigorífico, más que nada por hacer algo. No tenia especial hambre. Le dio por pensar que últimamente no tenia mucho apetito.

Igual debería irme a la cama, pensó. Pero desde que supo que Buffy era la Cazadora, había convertido en norma no acostarse hasta que la chica volviera a casa.

Volvió a toser, con mas fuerza. Cogió un pañuelo de papel de la caja que tenia al lado de la calculadora y se lo llevó a los labios. El sabor cobrizo de la sangre inundó su boca, y la servilleta se le pegó a la lengua.

Contuvo el aliento mientras la examinaba.

Estoy tosiendo sangre, pensó. Me pasa algo malo de verdad.

La idea la aterrorizó, no sólo por su bien, sino por el de Buffy. No puedo ponerme enferma. Me necesita demasiado.

Pero eso no era ninguna paranoia por parte de Joyce. La sangre era real. Nunca antes había tosido sangre, y sabía que esas cosas sólo pasaban cuando se tenia algo muy grave. Y, de pronto, se sintió insignificante y con frío, y no quiso estar sola en una noche de tormenta en Sunnydale, con sangre en la boca y su hija patrullando en la oscuridad, buscando monstruos a los que matar.

se levantó y miró por la ventana, deseando que Buffy volviera a casa. O, al menos, que estuviera a salvo.

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-Canta conmigo, anda -susurró Buffy a Xander-. Nunca llueve en el sur de California.

-Ese es el himno del Estado -dijo Xander alegre.

Llevaban casi media hora encogidos con Giles bajo su enorme paraguas negro. Buffy estaba pegada a Xander, sujetando una estaca junto al pecho. Se habían quedado sin banalidades que decir -o al menos los otros dos se habían quedado sin ellas- y Xander era muy consciente de que continuarlas habría podido resultarles molesto, aunque no tenia ni idea del porqué. Ahora esperaban en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos. Un relámpago iluminó el lugar. La lluvia continuó cayendo.

Siguieron quietos donde estaban.

Parecemos un dibujo de Edward Gorey, pensó Xander, y estaba a punto de compartir esta observación -que sin duda habría provocado que Giles preguntara a Xander qué sabía él de Edward Gorey- cuando empezó a moverse el montón de barro situado encima de la tumba modelo económico de Jackson Kirby.

-Por fin -dijo Buffy.

Se dispuso a salir de debajo del paraguas.

-Oh, vamos allá -dijo Giles, y el trío se acercó al montículo a la vez. La lluvia se colaba por los recientes anillos que se habían formado en el barro, mientras el vampiro recién nacido empezaba a alzarse, como un pollito que rompe el cascarón.

Aunque puede que no, decidió Xander, mientras una pálida mano salía al exterior, seguida de otra. Entonces asomó la cabeza, completamente vampirizada, con su frente abultada, sus ojos brillantes y furiosos y la sonrisa animal e insensible de una boca llena de colmillos.

El demonio que ahora habitaba el cadáver de Kirby los vio y rugió con salvajismo, redoblando sus esfuerzos por salir de la tumba.

-Me disculpa -murmuró Buffy a Giles en cuanto el pecho del vampiro estuvo a la vista.

-¿Mmm? Oh, sí, por supuesto -dijo, quitándose se de en medio.

Ella se agachó, dispuesta a atravesar al recién nacido, cuando algo cruzó volando el cementerio y se lanzó contra los tres.

Un vampiro.

Tres, más bien.

Parecían fluir en la oscuridad y la lluvia, atacando con rapidez y salvajismo. Buffy, Xander y Giles se movieron para defenderse. La Cazadora calibró a sus contrincantes: una hembra bajita y rubia y dos varones: uno delgado, pero musculoso y nervudo; el otro grande, cetrino y con barba. Y con el nuevo, el que había salido de la tumba, eran cuatro. Éste lanzó un gruñido inconsciente y corrió hacia Buffy y el grupo desde la otra dirección-

El peludo se lanzó contra la chica, que lo esquivó y le propinó un codazo en la nuca que lo arrojó contra el barro.

-Yo me ocupo del nuevo -gritó Xander, sacando una estaca de la chaqueta.

Giles iba igualmente armado. Dejó caer el paraguas al suelo, sacó también una cruz y rechazó al vampiro delgado cuando se lanzaba hacia él. Éste retrocedió, volviéndose como si buscara una presa mas fácil, y vio a Xander, que se dirigía hacia el nuevo. El vampiro le agarro los hombros por detrás, engancho una mano en su frente y le agarró la barbilla con la otra, echándole la cabeza hacia atrás. Enseñó los colmillos con un rugido.
La vampiro hembra se acercó a Buffy, moviéndose a su alrededor, esquivando cada patada y golpe que le lanzaba al cuerpo. Buffy intentó otro golpe y la vampiro se rió.

Tenemos problemas, pensó la Cazadora, dirigiendo una mirada impaciente a Xander. Entonces se dio cuenta de que el vampiro barbudo y de piel olivácea hacía retroceder a Giles en dirección al recién nacido, cuyo único impulso era alimentarse lo antes posible.

-¡Detrás de usted, Giles! -gritó.

Simuló otra patada lateral contra la rubia, que mordió el anzuelo y se apartó de su alcance, con un salto mientras Buffy corría en dirección contraria. En vez de ayudar a Giles, que no corría peligro inmediato -aún faltaban dos o tres segundos para eso-, cargó contra el vampiro que tenía atrapado a Xander en una llave letal, esperando que clavarle la estaca fuera algo de trámite.

Pero, en ese preciso momento, el vampiro soltó a Xander y corrió al lado de la rubia. Los dos se dirigieron hacia Xander y Buffy. Y a Giles se le habían acabado los tres segundos.

El nuevo chillaba mientras en cetrino empujaba a Giles hacia él.

-¡Come, hermano! -bramaba.

Eran las primera palabras que decían los vampiros desde que empezó el combate.

-Así que al final no sois vampiros sordomudos -dijo Buffy mientras golpeaba al delgado en al cara.

-¿Qué quieres que digamos? Estás por debajo de nuestro interés -replicó la rubia con un acento exótico, apartando a Buffy de en medio para salvar al vampiro flaco. La espalda de Buffy golpeó una lápida, haciéndole soltar un gruñido cuando el aire fue expulsado de sus pulmones. Dando un salto, volvió a ponerse en posición de combate.

La hembra, evidentemente el jefe del grupo, miró rápidamente a los otros.

-Konstantin, Ephialtes, ¿qué pasa con vosotros? Matadlos y acabemos de una vez. No tenemos tiempo para estas cosas.

-Bonito acento -repuso Buffy, frunciendo el ceño-. Un acento extranjero, ¿Fichaste al entrar en la ciudad? Los vampiros de la zona no dejan que cualquiera venga a morder a la gente de su territorio.

-Éste es ahora mi territorio -retrucó la rubia.

-No, perdona, pero no lo es -repuso Buffy mientras saltaba en el aire, dando una voltereta, y conseguía por fin propinar a la mujer una buena patada en la cabeza.

Ella gruñó y se tambaleó hacia atrás. La Cazadora aprovechó la ventaja para mantener la ofensiva, castigándola con brutales golpes en la cabeza y cuello. La vampiro pareció desequilibrarse un poco, pero resultaba obvio que estaba preparada para encajar más golpes.

Buffy miró a su alrededor. Xander volvía a verse atacado por el vampiro cetrino, ése que la rubia había llamado Ephialtes. Y el nuevo, Jackson Kirby, hacia lo que podía para coger a Giles, el cual se agachó justo cuando intentaba rodearlo con los brazos. El vampiro perdió el equilibrio, y Giles, todavía agachado, dirigió una estaca hacia su pecho.

Bien, Giles, pensó. Pero entonces, Ephialtes atacó y arrojó al Vigilante al suelo, cogiéndolo a continuación de un brazo para arrastrarlo por el barro de la tumba hasta el otro lado, donde Jackson Kirby se relamía los colmillos.

Mientras tanto, Xander forcejeaba con el vampiro flaco, Konstantin, apuntando con la estaca al cielo en lugar de al pecho del vampiro, como debería ser.

Preocupada por sus amigos, Buffy casi ni se dio cuenta del peligro que corría.

-¡Cómo osas ignorarme! -rugió la mujer, golpeando a la Cazadora.

Ésta encajó el golpe, cayó al suelo húmedo y rodó con el impulso. Cuando se puso en pie, estaba a escasos metros de Giles.

Esto está siendo más difícil de lo normal, pensó mientras acudía en ayuda de su Vigilante.

El fogonazo de unos relámpagos en rápida sucesión dieron a la escena un efecto estroboscopio mientras derribaba a Ephialtes. Buffy alzó la estaca sobre su cabeza, anticipando la desintegración en polvo, pero entonces tuvo a la hembra a su lado, quitándole la estaca de la mano.

-Creo que no -dijo.

Buffy se lanzó hacia delante, hundiendo las palmas de las mandos en el pecho del vampiro y depositando todo su peso en ellas para poder levantar las piernas y golpear con los tacones a la rubia en la cara.

Cuando se puso en pie, saltó sobre la caída jefa de los vampiros y corrió otra vez en auxilio de Giles. Jackson Kirby estaba a punto de darle un bocado. Mientras, y a pesar de que el vampiro recién nacido le sujetaba las muñecas, él intentaba clavarle la estaca.

-Yo cogeré eso -dijo Buffy a Giles, quitándole la estaca de la mano.

Lo apartó con un gesto brusco y atravesó al nuevo con ella.

La cosa que había sido Jackson Kirby explotó en una ducha de cenizas que se vio inmediatamente saturada por la lluvia y absorbida en el barro.

-Gracias -dijo Giles educado, y corrió a ayudar a Xander.

-No hay de qué - repuso ella con una sonrisa, dándole una patada en la cabeza al vampiro cetrino, que intentaba incorporarse. La fuerza del golpe le hizo rodar por el suelo hasta quedar espatarrado y con la cara enterrada en el barro. Eso pareció enfadarle mucho más que la patada.

-¿Quién es esta chica? -dijo la rubia, esforzándose por ponerse en pie-. ¿Cómo osa ponerse en nuestro camino?

-Giles, tome nota. Necesitamos cambiar de publicista -comentó Buffy, dando otra patada en la cabeza al vampiro-. Y hablando de osar, ¿cómo osáis vosotros estropearnos la tarde? Como esto dure mucho más, voy a perderme Felicity.

Bajó el brazo para hacer polvo al tipo -así de fácil-, pero la rubia la interceptó con una llave al costado. Buffy perdió el equilibrio, pero se las arregló para hacer caer también a si contrincante. Entonces, los tres cayeron al barro: el vampiro moreno y barbudo, su señora rubia y Buffy.

La hembra se puso encima de Buffy, que intentó apartarla, pero sin suerte. Estaba bien agarrada. Buffy se puso de pie tambaleándose, luchando por soltarla. De pronto, Ephialtes se puso en pie tras ella, y Buffy se preguntó si no habría acabado todo.

Momento en que Giles colocó una cruz en la nuca de Ephialtes. Al carecer de estaca, era el único arma de que disponía, e hizo buen uso se ella. Ephialtes gritó y se volvió para golpearlo en la mejilla. Entonces fueron dos contra dos: Xander y Giles contra los dos vampiros varones.

Buffy gruñó furiosa y se lanzó hacia atrás, golpeándose contra la lápida de Jackson Kirby. La vampira gruñó, y las dos cayeron en la tierra removida que había sido la tumba de Kirby.

La Cazadora estaba encima.

-¡Ephialtes, Konstantin, marchaos! -gritó la hembra.

Ahora, pensó Buffy, y hundió la estaca con rapidez. Justo antes de que se hundiera la punta, la vampira sonrió de manera extraña y dijo:

-Hasta la próxima vez, Cazadora.

Y estalló en un montón de húmedas cenizas.

-En tus sueños, idiota -siseó Buffy.

Se puso en pie, dispuesta a seguir luchando, y se dio cuenta de que los otros dos vampiros intentaban huir. Xander y Giles, benditas sean sus almas, les estaban dando caza. Se unió a ellos, saltando sobre lápidas rotas y raíces de árbol. La lluvia era tan torrencial que le oscurecía la visión, y casi se golpeó contra una rama baja, que no vio hasta que la iluminó un relámpago.

Resonó un trueno, que acompañó las pisadas de Buffy en el barro pegajoso y resbaladizo. Los vampiros eran más rápidos que Xander y Giles, y les sacaban ventaja. Cuando alcanzó a sus amigos, se detuvo.

-Maldición -murmuró, procediendo a estudiar la zona por si los dos vampiros se habían traído otros amigos que fueran más lentos.

-Dos de cuatro no está mal -aventuró Xander.

-Pues no corras la voz -repuso ella, clavándole la mirada.

-No lo haré si me das dinero. O un masaje. -Se encogió ante su mirada-. Me conformo con veinticinco centavos.

-Ponlo en mi cuenta.

-Bueno, esto ha sido mucho mas arduo de lo que me esperaba- dijo Giles mientras iba a recuperar su paraguas.

-Yo opino lo mismo. No eran precisamente aficionados -dijo Buffy. Sonrió a Xander mientras los dos se ponían al mismo tiempo bajo la rama del árbol-. Me alegro de que vinieras.

-Me alegro de que te alegres. Estoy congelado, voy a…

En ese momento, Konstantin saltó desde las ramas superiores del árbol bajo en el que se encontraban y echó a correr. Buffy no pudo evitar una breve sonrisa -Esta vez lo tengo-, y salir tras él.

-¡Adelante, Buffy! -gritó Xander.

Ella se olvidó de toda precaución, molesta por haberle perdido antes y decidida a que eso no pasara por segunda vez. Botas, os presento al barro, pensó mientras su adquisición de una reciente salida de compras con su madre se empapaba del todo, y ella notaba cómo el frío y viscoso barro llegaba hasta sus calcetines.

El vampiro miró por encima del hombro y siguió corriendo. Lo único que tenia que hacer para sobrevivir era permanecer dos minutos mas escondido en el árbol. Pero, no. Lo de asustar o salir corriendo es más fuerte que ellos. O lo de asustar o luchar. O lo que sea.

Sintiéndose satisfecha, Buffy igualó la velocidad del otro y, a continuación, aceleró para rematar el trabajo.

Un relámpago iluminó el lugar, desorientándola por un momento. Por un instante corrió a ciegas, antes de que el suelo pareciera abrirse ante ella. Buffy tropezó, cayó, se golpeó contra una pared de tierra y aterrizó de culo en una tumba abierta.

-¡Buffy!

Era Giles.

Éste y Xander se asomaron al borde mientras ella refunfuñaba y mal decía. Giles tenia una linterna y la enfocaba con ella.

-Oh, cielos -murmuró.

-Tampoco tiene tanta importancia -repuso ella-. Ya he caído antes en tumbas recién abiertas. No sé por qué no las tapan nunca.

-Igual es un tiro a ciegas -aventuró Giles-, pero no creo que a los que te refieres hayan abierto esta tumba.

Buffy le miró fijamente, confusa. Él hizo un gesto hacia la lápida que ella tenía detrás. Se volvió para ver la fecha de la muerte grabada en la piedra: era de seis meses antes.

-Espera un momento. Eso significa… ¿Qué alguien lo ha desenterrado?

-Eso parece -admitió Giles-. Ningún vampiro esperaría seis meses para volver a la vida. El hambre, por no mencionar el estado de su cuerpo, no le permitirían hacer algo así. Y si añadimos lo de “recién abierta” que mencionaste antes, bueno, pues parece que nos las vemos con un ladrón de tumbas.

-Esto…, ¿me haría menos masculino el decir uuuij? -preguntó Xander.

-Mucho -le informó Giles.

-Claro. Vale. Por eso no lo hago nunca. Bueno, ¿Quién querría desenterrar un muerto?

Buffy lanzó un suspiro.

-¿En esta ciudad? Si reuniésemos a todos los sospechosos habituales, no quedaría nadie.

-Eso si que es un pensamiento tranquilizador.


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1 comentarios:

A las 19 de mayo de 2008, 19:03 , Anonymous Anónimo ha dicho...

Excelente, excelente traduccion! Da gusto leer un trabajo de traduccion tan bueno como este... ¡Gracias por alcanzarnos esta novela!

Me gusta mucho, de verdad. Un poquito mas que la otra novelita... pero ojo, ambas estan MUY buenas y bien traducidas, igualmente.

Sigan asi! A ver que sucede en el capi siguiente.

Saludos

 

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